lunes, 15 de enero de 2018

15 de enero fiesta de San Arnoldo Janssen.



Arnoldo Janssen nació el 5 de noviembre de 1837 en Goch, una pequeña ciudad alemana, siendo el segundo de diez hijos. Sus padres fueron profundamente cristianos e incansables trabajadores. 
Arnoldo desarrolló las mismas características. Todos los días se rezaba el Rosario en familia y el padre tenía la costumbre de leer regularmente en voz alta el Prólogo del Evangelio de San Juan (Jn 1,1-18). Arnoldo mantuvo, durante toda su vida, muy viva la devoción al Rosario y un profundo amor al Maestro Divino, presente en la Sagrada Escritura y en la Santa Eucaristía. Asimismo heredó de su padre la devoción al Espíritu Santo.
Fue ordenado sacerdote en la Diócesis de Münster el 15 de agosto de 1861 y fue enviado a la ciudad de Bocholt como docente en una escuela media. Era respetado como docente siendo severo pero justo. Durante este período maduraron y se interiorizaron más su fe y su vida de oración. Su celo sacerdotal lo llevó a estar siempre a disposición de la gente, también al margen de la enseñanza, ayudándoles a profundizar en la fe.
Gracias a su particular devoción al Sagrado Corazón y a su intensa vida de oración, fue nombrado director diocesano del Apostolado de la Oración y empleaba gran parte de su tiempo libre y de sus vacaciones para difundirlo en la Diócesis y en todas las regiones de habla alemana. 

Su entusiasmo por animar a la gente a rezar según las intenciones del Sagrado Corazón, le ayudó a tomar conciencia de las necesidades espirituales de la gente, incluso más allá de los límites de su Diócesis. Esto originó en él un profundo celo por trabajar y rezar por la reunificación de las Iglesias Cristianas en Alemania. Se ensancharon aún más sus horizontes y se fortaleció su conciencia de que la misión de la Iglesia abarca a toda la humanidad.

Dedicó su vida a reavivar en la Iglesia en Alemania sus compromisos misionero y fomentar entre los católicos el entusiasmo por la labor misionera de la Iglesia fuera de Alemania -la “misión entre paganos”. 

Con tal objetivo decidió fundar una revista popular. En 1873 dejó su cargo como docente para poder dedicar más tiempo a esta nueva actividad. El primer número del “Pequeño Mensajero del Sagrado Corazón” apareció en enero de 1874. En la revista publicaba noticias de las misiones extranjeras y estimulaba a los lectores a hacer algo más por ellas.
En los años ’70 la Iglesia en Alemania vivió una dolorosa experiencia de persecución: -el “Kulturkampf” (revolución cultural). Leyes anti-católicas fueron motivo de expulsión de sacerdotes y religiosos e incluso obispos fueron encarcelados. Tal vez esta realidad despertó en él la idea de que algunos de estos sacerdotes podrían entusiasmarse y trabajar en las misiones extranjeras o, por lo menos, para colaborar en la enseñanza en los institutos misioneros. En Alemania, sin embargo, no existía ningún instituto. Esperaba, por tanto, que alguno de estos sacerdotes, interesado por las misiones, aceptase el desafío de iniciar un tal instituto. Su cometido lo veía más bien como promotor de la idea a través de su revista y reunir fondos para la misma.
Fundador de la Congregación del Verbo Divino
El reacio Arnoldo Janssen fue viendo cada vez más claro que el Señor le llamaba a él mismo a tomar en sus manos esta difícil iniciativa. Una vez que reconoció que era la voluntad de Dios se dedicó con alma y corazón a este proyecto. 
La mayor parte de sus contemporáneos pensaban que el momento no fuese oportuno. Muchos, incluso, no veían en él a la persona indicada, pero su confianza en Dios le ayudó a resistir, no obstante, las ironías y los comentarios negativos que sobre él circulaban.

No obstante las condiciones poco favorables en Alemania, obtuvo el apoyo de muchos obispos. Comenzó a recoger fondos y a buscar un lugar adecuado. Debido a la situación política en Alemania, compró una casa al otro lado de la frontera, en Steyl, Holanda. El 8 de septiembre de 1875 es considerada la fecha oficial del comienzo de la obra.

Las condiciones de vida eran humildes, pero, estaba en marcha la preparación de sacerdotes para la tarea misionera. El 2 de marzo de 1879, tres años y medio después, enviaba los dos primeros misioneros a China. Uno de ellos era José Freinademetz que fue beatificado en 1975 junto con Arnoldo Janssen.
El número de los estudiantes crecía de año en año y fue necesario construir nuevos edificios. Las publicaciones de Steyl sirvieron para atraer vocaciones y, al mismo tiempo, para hallar los fondos necesarios. En enero de 1876 Arnoldo Janssen abrió su propia imprenta. Al igual que las otras iniciativas, también esta se desarrollo rápidamente y, gracias a la buena preparación de los Hermanos, muy pronto se hizo famosa por la calidad de los trabajos.

Al celebrar el 25 aniversario, la revista mensual para las familias Stadt Gottes (Ciudad de Dios) tenía una tirada de 200.000 ejemplares y el St. Michaels Kalender (Calendario de S. Miguel) más de 700.000. Estas publicaciones ejercieron un gran influjo sobre la Iglesia en Alemania fomentando el interés por las misiones. Arnoldo Janssen, desde finales del siglo XIX, fue considerado, con toda justicia, como “el animador misional” de la Iglesia en los países de habla alemana. 

La distribución de las mencionadas publicaciones dependía del compromiso generoso y la entrega desinteresada de miles de laicos, verdaderos misioneros en la patria.
Con el correr de los años, la imprenta promovió a Steyl como centro de animación misionera. También los retiros espirituales en Steyl tuvieron gran impacto. El P. Janssen fue un pionero en la introducción del movimiento de los retiros espirituales en los países de habla alemana. 

Cada año miles de sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, participaban en tales retiros y volvían a sus casas contagiados con algo del espíritu de oración y entusiasmo que encontraron en Steyl. Se daba importancia también a que cada participante, al regresar, llevase un buen número de Rosarios. Quizá, pocos han distribuido gratuitamente tantos Rosarios como Arnoldo Janssen.

No todos los que llamaban a las puertas de Steyl con el deseo de dedicar su vida al servicio misionero querían ser sacerdotes. Deseaban ayudar a las misiones con su trabajo. Arnoldo Janssen los recibió con mil amores, si bien esto no entraba en sus planes originales. Así nació y creció la rama de los Hermanos laicos. 
Dándoles una buena preparación técnica y comercial, y introduciéndolos en posiciones importantes, contribuyó a crear un nuevo estilo de Hermano laico. Con su trabajo de excelente calidad y con su espíritu de oración contribuyeron en forma eficaz al desarrollo del Instituto Misionero y al trabajo material y espiritual en las misiones. En este, como en otros campos, estaba dispuesto a abrir nuevos caminos, nunca antes intentados, una vez convencido que el Señor lo empujaba en esa dirección.

En el primer Capítulo General del año 1885, la comunidad se constituyó como Congregación religiosa, compuesta por sacerdotes y hermanos, con el nombre de “Sociedad del Verbo Divino” (SVD), con la finalidad de difundir el Evangelio, especialmente entre los pueblos no cristianos. El P. Janssen fue elegido primer Superior General.

Fundador de dos Congregaciones femeninas

También varias mujeres solicitaron unirse a la obra con la esperanza de servir a las misiones como Hermanas misioneras. La primera fue la Beata María Elena Stollenwerk (beatificada en mayo de 1995). Arnoldo Janssen, convencido de la importancia pastoral de las mujeres que trabajaban codo con codo con los misioneros, el 8 de diciembre de 1889 fundó una Congregación misionera con el nombre de “Siervas del Espíritu Santo”. En 1895 envía las primeras Hermanas al extranjero, concretamente a la Argentina. Muy pronto se descubrió su importancia en todas las misiones donde ya trabajaban los sacerdotes y los Hermanos.

En 1896 el P. Janssen eligió un grupo de Hermanas para la vida en clausura y las llamó “Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua”. Ante la adoración del Santísimo Sacramento debían rezar, literalmente, día y noche por la Iglesia y especialmente por las dos Congregaciones misioneras de Steyl.

Evangelizar hasta los confines de la tierra

Las Congregaciones crecieron rápidamente. En mayo de 1900 eran ya 208 sacerdotes, 549 Hermanos, 190 Hermanas, 99 estudiantes de teología y 731 alumnos aspirante a misioneros.

Ante este creciente número de misioneros, la Congregación para la Propagación de la Fe animó a Janssen a abrir seminarios misioneros en otros países. A su muerte, en 1909, sus misioneros trabajaban en los cinco Continentes: en China, luego Roma, Argentina, Austria, Togo, Alemania, Ecuador, Brasil, Estados Unidos de América, Nueva Guinea, Australia, Chile, Japón, Paraguay, Filipinas. Una de sus últimas decisiones fue el permiso para abrir un seminario misionero cerca de Chicago, el primero en Estados Unidos.

Arnoldo Janssen murió el 15 de enero de 1909. Su vida fue una permanente búsqueda de la voluntad de Dios, de confianza en la providencia divina y de duro trabajo. Que su obra ha contado con la bendición del Señor lo atestigua también el desarrollo ulterior de su obra: (svd-4, 025) más de 6.000 misioneros del Verbo Divino trabajan hoy en 65 países. Las misioneras Siervas del Espíritu Santo se encuentran presentes en 35 países con más de 3.800 hermanas. Las Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua superan el número de 400 en 10 países.

sábado, 13 de enero de 2018

13 de enero fiesta de la Beata Francisca de la Encarnación (María Francisca Espejo y Martos).


Hoy la familia trinitaria celebra la memoria de esta valerosa mujer, signo del amor redentor de Dios y ejemplo de entrega máxima.

María Francisca Espejo y Martos nació el 2 de febrero de 1873, en la ciudad de Martos (Jaén )en el seno de una familia humilde, era sobrina de una monja trinitaria, llamada sor María del Rosario.

Francisca, al quedar huérfana muy joven, entró como educanda en el convento de Martos al amparo de su tía, y en su adolescencia y sintiendo el deseo de quedarse en el convento como monja, pidió ser admitida en la comunidad. Tomó el hábito el 2 de julio de 1893, y realizó su profesión solemne el 5 de julio de 1894, tomando el nombre de sor Francisca de la Encarnación.

Sor Encarnación era una religiosa tranquila y dedicada completamente al cumplimiento de sus deberes religiosos, a los trabajos comunitarios.

Su vida fue la de una mujer oculta la mayor parte de sus años entre los muros del convento trinitario, dedicada a la oración, al trabajo, a la penitencia.

Sus oficios fueron los de enfermera, sacristana, portera y tornera, ejercidos con su característica sencillez, espíritu de servicio y obediencia. Padeció mucho con el reúma, sufriendo en una ocasión un ataque que la dejó paralizada durante varios meses, prueba que sobrellevó con paciencia admirable. Sor Encarnación fue de carácter retraído, introvertido, era muy tímida y asustadiza.

Durante toda su vida religiosa estuvo cuidando a su tía Rosario, también religiosa, y de agrio carácter.

El 21 de julio de 1936, a las diez de la mañana, se presentaron en el convento los milicianos, con orden de desalojarlo y apoderarse de sus instalaciones. Sor Francisca, con su tía, sor Rosario, y una tercera religiosa, sor Dolores, se fueron a refugiar a casa de Ramón, hermano de sor Francisca. Les dieron como aposento una habitación grande en la planta alta de la casa.

Quedaron tía y sobrina. Vestían de negro, con un pañuelo oscuro en la cabeza, sin salir de casa para nada. En su habitación seguían la vida regular propia del convento, con los mismos horarios de oraciones y labores.

Un frío 12 de enero de 1937, se presentaron en el domicilio familiar unos milicianos, diciendo que querían llevarse a las monjas. Sin permitirles llevar nada consigo, sacaron a sor Francisca y a su anciana tía, sor Rosario, de su casa.

El día anterior, 11 de enero, la aviación franquista había bombardeado la zona; como represalia, los milicianos decidieron vengarse, fusilando a cincuenta personas, señaladas por sus ideas políticas de derechas o por su carácter religioso. Especialmente, señalaron a las superioras de las tres comunidades religiosas femeninas de Martos; nadie sabe por qué, pero creyeron que sor Francisca era la priora.




Madre Francisca de la Encarnación fue encerrada en los calabozos del Ayuntamiento, linderos con su convento. Allí coincidió con la superiora del colegio de la Divina Pastora, y con sor María de los Ángeles, religiosa trinitaria, que sobrevivió a los hechos.

Aquella noche del 12 al 13 de enero de 1937, sacaron en camiones a los cincuenta presos. Todos varones, menos tres religiosas: sor Francisca, la beata sor Victoria Valverde (superiora de las religiosas de la Divina Pastora) y madre Isabel, abadesa de las clarisas.

Los llevaron a la aldea de Casillas de Martos, y en su cementerio fueron fusilando a los presos. De las tres monjas, a dos las llevaron a las verjas del cementerio, tratando de abusar de ellas; éstas se resistieron, abrazándose a las verjas, y allí mismo fueron fusiladas.

A Sor Francisca, se la llevó un miliciano a una hondonada cercana, para abusar de ella, sin lograrlo, porque ésta se resistió con todas las fuerzas, provocando la ira del agresor, quien la mató a fuerza de golpes en la cabeza, con la culata del fusil, como luego se pudo comprobar al exhumar el cadáver.

Una vez muerta, la llevó arrastrando hasta echarla a una de las tres fosas que habían cavado en el cementerio, en que yacían ya los hombres recién fusilados. La cruda narración de los hechos proviene de un testigo directo.

Fue beatificada el 28 de octubre de 2007 en Roma, por el Papa Benedicto XVI, convirtiendose así en la primera monja trinitaria que obtiene dicho título. Actualmente puede observarse su cuerpo incorrupto en el Monasterio de la Santísima Trinidad de la ciudad de Martos.


viernes, 12 de enero de 2018

12 de enero fiesta de San Bernardo de Corleone.




Filippo Latini, que así se llamaba de seglar nuestro santo, nació en Corleone (Sicilia, Italia), el 6 de febrero de 1605. De joven ejerció el oficio de zapatero. Su casa era conocida como «la casa de los santos», porque tanto su padre como sus hermanos eran muy caritativos y virtuosos. Por ello, recibió una buena formación religiosa y moral. Era muy devoto de Cristo crucificado y de la santísima Virgen. Sin embargo, tenía un carácter muy fuerte.

En cierta ocasión, tuvo un enfrentamiento con otro joven; después de las palabras pasaron a las manos: ambos desenfundaron la espada y, tras un breve duelo, el otro quedó gravemente herido. Al huir de la justicia humana, buscó refugio en una iglesia, invocando el derecho de asilo, pero, aunque se libró de la justicia humana, no pudo escapar de su conciencia.

En la soledad y en la meditación reflexionó largamente sobre el delito cometido y sobre toda su vida, desperdiciada, inútil y disipada, odiosa a los demás y dañina para su alma, lo más precioso que el hombre posee. Se arrepintió, invocó el perdón de Dios y de los hombres e hizo áspera penitencia.

Para reparar sus pecados, con vestidos de penitente decidió tomar el sayal de los Hermanos Menores Capuchinos. Abandonó Corleone, que le recordaba su pasado, y llamó a la puerta del convento de Caltanissetta, en Sicilia, donde fue admitido y tomó el nombre de Bernardo.

Como laico profeso de la orden de los Frailes Menores Capuchinos, fue en verdad un hombre nuevo, decidido a alcanzar una perfección cada vez más alta, con humildad, obediencia y austeridad.

En el convento ejerció casi siempre el oficio de cocinero o ayudante de cocina. Además, atendía a los enfermos y realizaba una gran cantidad de trabajos complementarios, con el deseo de ser útil a todos, a los hermanos sobrecargados de trabajo y a los sacerdotes, a los que lavaba la ropa y prestaba otros servicios. Dormía en el suelo, no más de tres horas diarias, y multiplicaba sus ayunos.

Aunque inculto e iletrado, alcanzó las alturas de la contemplación, conoció los más profundos misterios, curó enfermos, distribuyó consuelos y consejos, intercedió con su oración para alcanzar de Dios abundantes gracias para los demás.

Esto lo realizó durante treinta y cinco años, hasta su muerte. Su oración asidua, su caridad ferviente, su filial devoción a la Virgen Inmaculada y su acendrada devoción a la Eucaristía (a pesar de las costumbres de aquellos tiempos, recibía la comunión diariamente), fueron el secreto de su santidad. Se preocupó por conformarse a Cristo crucificado. Tomó en serio el Evangelio y trató siempre de vivirlo con todas sus consecuencias.

Murió el 12 de enero de 1667 en Palermo. Tenía 62 años. El papa Clemente XIII lo beatificó el 15 de mayo de 1768, y San Juan Pablo II lo canonizó el 10 de junio del 2001.







miércoles, 10 de enero de 2018

10 de enero fiesta de la Beata Ana de los Ángeles Monteagudo.





Nació en Arequipa el 26 de julio de 1602, hija del español Sebastián Monteagudo de la Jara y de la arequipeña Francisca Ponce de León.

Conforme a costumbres de la época, Ana fue internada por sus padres en el monasterio de Santa Catalina. Vuelta al hogar por decisión de sus padres, no le satisfizo los halagos del mundo ni las perspectivas de un ventajoso matrimonio. 

Deseaba hacerse religiosa y lo puso en práctica ante la indignada reacción de sus padres. Soportó con paciencia y ánimo invicto las contrariedades y emprendió la senda de la perfección.


En 1618 inicia el noviciado y añade a su nombre el apelativo "de los Ángeles". La aspereza de la vida conventual no la arredra. Vive con entusiasmo el ideal de Domingo de Guzmán y de Catalina de Siena. 

Con el tiempo llega a ser Maestra de novicias y Priora (1647). Acomete con energía la reforma del monasterio. Amonesta y corrige, anima y promueve. Además de las profesas, habitaban por esa época en el monasterio cerca de 300 personas, no todas imbuidas del deseo de perfección. 

La obra de Ana de los Ángeles chocó con oposiciones tenaces. Sor Ana atendió asimismo, abnegada y heroicamente, a las víctimas de una peste que azotó Arequipa. Tuvo altísima oración, esmerada perfección en las virtudes propias de la vida religiosa, serenidad y paciencia en los sufrimientos. 

Falleció el 10 de enero de 1686. Beatificada en Arequipa por Juan Pablo II en 1985.


domingo, 7 de enero de 2018

Fiesta del Bautismo de Jesús.

Fiesta, con la cual se cierra el tiempo litúrgico de Navidad


Normalmente el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía es dedicado a celebrar el bautismo de Cristo y señala la culminación de todo el ciclo natalicio o de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al tiempo durante el año, llamado también tiempo ordinario.

Cuando Cristo se metió en la cola para esperar su turno de ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía que hacer. 

Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). El Catecismo hace referencia a esta actitud humilde de Cristo en el n.536:

Hay una diferencia importante entre los dos bautismos: 

El de Juan: con agua, exterior, signo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
El de JESÚS: con Espíritu Santo, renovación interior que nos hace "partícipes de la naturaleza divina”

"No soy digno ni siquiera de desatar la correa de su sandalia..." trabajo reservado al más inútil de los esclavos... Juan destaca la infinita distancia entre él y Jesús...
¿Porqué entonces Jesús se hace bautizar por Juan? )es una escena tan impresionante, que podría resultar incomprensible, y hasta escandalosa]...

Pero admitámoslo, y descubramos nuevamente el "modo" que Dios emplea para salvarnos: hoy se pone en la fila de los pecadores, y aunque no lo necesitaba, se somete también a un bautismo de penitencia... 

Se ha hecho semejante a nosotros en todo, y por eso no se avergüenza de colocarse en la fila de aquellos que se preparaban para la llegada del Reino de Dios... así como tampoco se avergonzó de nosotros cuando tomó sobre sí todos nuestros pecados, y subió a la Cruz como si fuese un delincuente...

Pero el bautismo que recibió Jesús fue muy "especial": ciertos hechos nos indican que con Él comienza un nuevo bautismo:

El cielo abierto (ya nunca más cerrado por los pecados, como hasta este momento) Es decir, comienza una nueva etapa de relación entre Dios y los hombres: el Cielo viene a nosotros, y nosotros vamos allá: viene con Cristo y el Espíritu Santo. 

Llega todo, porque Dios mismo viene, y Él será para nosotros y nos dará todo. Estamos frente al comienzo de una nueva humanidad, divinizada.

En la proposición que San Marcos hace en su Evangelio, el Padre no "presenta" a su Hijo (“Éste es mi Hijo amado”), sino que se dirige a Él (“Tú eres mi Hijo...”): Cristo nos representa a todos, que desde ese momento pasamos a ser hijos amados, complacencia del Padre... Cuando somos bautizados, esta vocación eterna se verifica efectivamente, verdaderamente: somos una nueva creación. Por lo tanto, nuestra dignidad, nuestra gloria, y nuestro compromiso pasa por VIVIR NUESTRO BAUTISMO...


Sigamos a Cristo por la Cruz a la Luz.

       P. Juan Pablo Esquivel | Fuente: Catholic.net 

sábado, 6 de enero de 2018

6 de enero fiesta de la EPIFANÍA.




Los pastores y reyes del Oriente visitan a Jesús el Mesias, le llevan regalos y lo adoran con oro, incienso y mirra.

Origen de la fiesta

El 6 de enero se celebraba desde tiempos inmemoriales en Oriente, pero con un sentido pagano: En Egipto y Arabia, durante la noche del 5 al 6 de enero se recordaba el nacimiento del dios Aion. Creían que él se manifestaba especialmente al renacer el sol, en el solsticio de invierno que coincidía hacia el 6 de Enero. En esta misma fecha, se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos.
La fiesta de la Epifanía sustituyó a los cultos paganos de Oriente relacionados con el solsticio de invierno, celebrando ese día la manifestación de Jesús como Hijo de Dios a los sabios que vinieron de Oriente a adorarlo. La tradición pasó a Occidente a mediados del siglo IV, a través de lo que hoy es Francia.

La historia de los Reyes Magos se puede encontrar en San Mateo 2, 1-11.

“Después de haber nacido Jesús en Belén de Judea, en el tiempo del Rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: ¿dónde está el que ha nacido, el Rey de los Judíos? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo.
Al oír esto, el Rey Herodes se puso muy preocupado; entonces llamó a unos señores que se llamaban Pontífices y Escribas (que eran los que conocían las escrituras) y les preguntó el lugar del nacimiento del Mesías, del Salvador que el pueblo judío esperaba hacia mucho tiempo.
Ellos contestaron: En Belén de Judá, pues así está escrito por el Profeta:

"Y tú, Belén tierra de Judá
de ningún modo eres la menor
entre las principales ciudades de Judá
porque de ti saldrá un jefe
que será el pastor de mi pueblo Israel".

Entonces Herodes, llamando aparte a los magos, los envió a la ciudad de Belén y les dijo: Vayan e infórmense muy bien sobre ese niño; y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo.
Los Reyes Magos se marcharon y la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos hasta que fue a pararse sobre el lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella, sintieron una gran alegría.
Entraron en la casa y vieron al niño con María su madre. Se hincaron y lo adoraron. Abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Luego, habiendo sido avisados en sueños que no volvieran a Herodes, (pues él quería buscar al Niño para matarlo), regresaron a su país por otro camino.”

Podemos aprovechar esta fiesta de la Iglesia para reflexionar en las enseñanzas que nos da este pasaje evangélico

* Los magos representan a todos aquellos que buscan, sin cansarse, la luz de Dios, siguen sus señales y, cuando encuentran a Jesucristo, luz de los hombres, le ofrecen con alegría todo lo que tienen.

* La estrella anunció la venida de Jesús a todos los pueblos. Hoy en día, el Evangelio es lo que anuncia a todos los pueblos el mensaje de Jesús.

* Los Reyes Magos no eran judíos como José y María. Venían de otras tierras lejanas (de Oriente: Persia y Babilonia), siguiendo a la estrella que les llevaría a encontrar al Salvador del Mundo. Representan a todos los pueblos de la tierra que desde el paganismo han llegado al conocimiento del Evangelio.

* Los Reyes Magos dejaron su patria, casa, comodidades, familia, para adorar al Niño Dios. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. Era un camino largo, difícil, incómodo, cansado. El seguir a Dios implica sacrificio, pero cuando se trata de Dios cualquier esfuerzo y trabajo vale la pena.

* Los Reyes Magos tuvieron fe en Dios. Creyeron aunque no veían, aunque no entendían. Quizá ellos pensaban encontrar a Dios en un palacio, lleno de riquezas y no fue así, sino que lo encontraron en un pesebre y así lo adoraron y le entregaron sus regalos. Nos enseñan la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos.

Los Reyes Magos fueron generosos al ir a ver a Jesús, no llegaron con las manos vacías. Le llevaron

oro: que se les da a los reyes, ya que Jesús ha venido de parte de Dios, como rey del mundo, para traer la justicia y la paz a todos los pueblos;

incienso: que se le da a Dios, ya que Jesús es el hijo de Dios hecho hombre;

mirra: que se untaba a los hombres escogidos, ya que adoraron a Jesús como Hombre entre los hombres.
Esto nos ayuda a reflexionar en la clase de regalos que nosotros le ofrecemos a Dios y a reconocer que lo importante no es el regalo en sí, sino el saber darse a los demás. En la vida debemos buscar a Dios sin cansarnos y ofrecerle con alegría todo lo que tenemos.

* Los Reyes Magos sintieron una gran alegría al ver al niño Jesús. Supieron valorar el gran amor de Dios por el hombre.

* Debemos ser estrella que conduzca a los demás hacia Dios.

Significado de la fiesta

Antes de la llegada del Señor, los hombres vivían en tinieblas, sin esperanza. Pero el Señor ha venido, y es como si una gran luz hubiera amanecido sobre todos y la alegría y la paz, la felicidad y el amor hubieran iluminado todos los corazones. Jesús es la luz que ha venido a iluminar y transformar a todos los hombres.

Con la venida de Cristo se cumplieron las promesas hechas a Israel. En la Epifanía celebramos que Jesús vino a salvar no sólo a Israel sino a todos los pueblos.
Epifanía quiere decir "manifestación", iluminación. Celebramos la manifestación de Dios a todos los hombres del mundo, a todas las regiones de la tierra. Jesús ha venido para revelar el amor de Dios a todos los pueblos y ser luz de todas las naciones.


En la Epifanía celebramos el amor de Dios que se revela a todos los hombres. Dios quiere la felicidad del mundo entero. Él ama a cada uno de los hombres, y ha venido a salvar a todos los hombres, sin importar su nacionalidad, su color o su raza.
Es un día de alegría y agradecimiento porque al ver la luz del Evangelio, salimos al encuentro de Jesús, lo encontramos y le rendimos nuestra adoración como los mago.