viernes, 25 de mayo de 2018

25 de mayo fiesta de los Beatos Isidoro Ngei Ko Lat, primer beato birmano y el Padre Mario Vergara.





El catequista Isidoro Ngei Ko Lat

Es el primer birmano en ser beatificado. No hay muchas noticias que se refieran a este activo colaborador del P. Vergara, pero las cartas del P. Mario son suficientes para hacernos una idea de este humilde, pero espléndida figura de apóstol laico: una vida donada, al servicio del Evangelio y de los hermanos, coronada con el martirio.

Bautizado por el P. Domenico Pedrotti el 7 de septiembre de 1918 en Taw Pon Athet donde había nacido. Isidoro pertenecía a una familia de agricultores, ya convertida al catolicismo por el beato p. Paolo Manna. Pierde a los padres siendo adolescente y se va a vivir con un hermanito a lo de una tía.

En el curso de la investigación diocesana en la curia de Loikaw, una prima suya, que vivía en el mismo pueblo, testimonia que desde chico Isidoro frecuentaba a los misioneros e iba a menudo con ellos. Surge entonces el deseo de ser sacerdote y entra en el seminario menor de Toungoo.

Antiguos compañeros del seminario testimonian su celo y su seriedad. Es un joven simple, honesto y humilde. Revela una exquisita sensibilidad religiosa y una alta actitud para el estudio.

Pero a causa de una salud delicada-sufre de asma bronquial- fue obligado a volver a su familia. No puede realizar su sueño de ser sacerdote, pero permanece en él el deseo de hacer algo para el Señor. Así que decide no casarse.
 
No es todavía catequista, pero siempre está dispuesto a ayudar al catequista del pueblo. En su viaje a Dorokhó abre una escuela privada gratuita, en el cual enseña a los niños el birmano y el inglés, da también lecciones de catecismo, música y canciones sagradas. Está en buenas relaciones con la gente y todos lo quieren.

El primer encuentro con el p. Vergara, que estaba siempre buscando catequistas, sucedió en Leikthó. Era el año 1948. Isidoro acepta en seguida y con alegría la invitación de desarrollar el servicio de catequista en Shadaw. Permanec junto al misionero hasta el momento del martirio. Isidoro era también el intérprete del P. Galastri que todavía no conocía bien la lengua local.
 
La población de Shadaw estaba compuesta por campesinos analfabetas, cuya mayoría había sido evangelizada por los bautistas, hostiles a los católicos. Isidoro, si  bien se movía entre miles de dificultades, colaboraba activamente con el P. Vergara en la obra de elevación cultural, social y religiosa de aquella gente.

Ya antes del 24 de mayo de 1950, se registró y en diversas circunstancias acciones intimidatorias contra los misioneros católicos por parte de una facción fanática de bautistas.

 Eran bandas armadas que tenían como jefe militar al comandante Richmond y de parte religiosa al jefe de distrito Tiré. También los catequistas, obrando en estrecho contacto con los misioneros Vergara y Galastri, se convirtieron en blanco de la intolerancia de los soldados rebeldes.
Fue propio por causa de uno de estos catequistas, Giacomo Colei, que fue encarcelado y se desarrolla la cuestión que llevará al martirio de Isidoro y Vergara. De hecho, ambos temiendo por la vida de Cólei, deciden ir a ver al jefe del distrito para pedirle la liberación. Pero probablemente era una trampa preparada para suprimir a los apóstoles del Evangelio.

Éstos, de hecho no encuentran a Tiré, sino que tienen que arreglárselas con Richmond, que estaba enemistado con el jefe de distrito y odiaba a los misioneros.

Los obispos de la Iglesia de Myanmar han definido la beatificación del P. Vergara y de su catequista como: "un gran aliento para la entera comunidad católica de Myanmar para vivir un fe más en conformidad con el Evangelio y a testimoniarla con coraje y heroicamente, siguiendo el ejemplo del catequista Isidoro que no dudó en dar su vida misma por el Evangelio junto al P. Vergara".



El Padre Mario Vergara.

Nació en Frattamaggiore (Nápoles), diócesis de Aversa, el 18 de noviembre de 1910. Ordenado sacerdote en el Pime el 28 de agosto de 1934, a fines de septiembre parte para Birmania, destinado a la diócesis de Toungoo.

En 1935 se le confía el distrito de Citació en las montañas y florestas de los Sokú, una de las tribus carianas. Atraviesa tiempos durísimos entre otras cosas por la gran carestía causada por una multiplicación enorme de ratas.

Durante la segunda guerra mundial, en 1941 el P. Vergara es internado, con todos los misioneros italianos, en campos de concentración ingleses en India. Volverá a Birmania sólo en 1946, fuertemente debilitado físicamente y arriesga la vida después de la exportación de un riñón.

Se ofrece generosamente al obispo de Toungoo, mons. Alfredo Lanfranconi, para la apertura de un nuevo distrito entre los Carianos rojos en el este de Loikaw, hacia el río Salween, con varios poblados para evangelizar.

Privado de medios, hostilizado por los protestantes bautistas, estudia la lengua local, soporta todo tipo de sacrificios, recorriendo largas distancias a pie, amando y curando a todos, católicos, catecúmenos, paganos. Desde 1948 es ayudado por un joven co-hermano el P. Pietro Galastri, de Partina (Arezzo), que construye edificios útiles para la misión: escuela, iglesia, orfelinato y dispensario.

A continuación de la independencia de Inglaterra (1948), inician los desórdenes y la guerra civil entre gubernamentales y rebeldes carianos.

La guerrilla era subvencionada por los protestantes bautistas, presentes entre los carianos antes que los católicos llegasen y habían formado la elite de la tribu. Los carianos querían la independencia del gobierno de Rangoon formado por los birmanos, el pueblo budista mayoritario en Birmania.

El P. Vergara condena la guerra y toma la defensa del pueblo oprimido por una guerra que traía destrucción y muerte, sin ninguna posibilidad de obtener la independencia y el reconocimiento internacional. Se atrae el odio de los rebeldes por sus intervenciones de pacificación.

El 24 de mayo de 1950 el P. Vergara va al centro de Shadaw junto al maestro catequista Isidoro, para convencer al jefe de distrito Tiré, para que libere al otro catequista que había sido arrestado. 

Se encuentra en cambio, frente al jefe de los rebeldes Richmond el cual, después de haberlo sometido a un duro interrogatorio, ordena el arresto del misionero y de Isidoro.

Después de un largo camino por la floresta durante la noche, ambos son asesinados en las orillas del río Salween, en el alba del 25 de mayo de 1950, con fucilazos que se escucharon en el poblado cercano. 

Sus cuerpos, cerrados en sacos, fueron tirados al río Salween y jamás fueron encontrados.
El P. Pietro Galastri, capturado mientras rezaba con los huérfanos en la capilla de la misión, después de un día de secuestro fue también asesinado y tirado en el gran río. También el P. Galastri, no menos generoso y heroico del co-hermano, merece ser beatificado.

Fueron beatificados el 24 de mayo de 2014 en la Catedral de San Pablo, Aversa, Caserta, Italia, presidiendo dicho acto el Cardenal Angelo Amato.


25 de mayo fiesta de Santa Magdalena Sofía Barat.




Año 1779. Al final de un sendero bordeado de álamos, traspasado el puente sobre el Yvonne, el río pacífico con fondo de bosques lejanos y vecinos viñedos, los tejados rojo y vivo de Joigny, un lugar perdido en la Borgoña. Aquí, París; allí, Lyón. Unos minutos cuesta arriba de la calle Mayor y el barrio de los artesanos: casas minúsculas, blanqueadas, de ventanas chicas y puerta baja. Jacobe Barat, el tonelero dueño de las viñas que crecen junto al Larry, vive allí a la derecha. Madeleine, su mujer, todo un carácter, en la noche del 12 de diciembre, repitiendo el gozo de la escena comentada por Jesucristo, alza en los brazos una hijita nueva. La casa frontera arde en tanto, y esa niña, llegada entre el resplandor, contestará balbuceando que "C'est le feu", "el fuego", cuando las vecinas le pregunten entre sonrisas: "¿Quién te trajo al mundo?" Va a ser la glorificadora del Corazón ardiente de Jesucristo, que vino a incendiar la tierra. Se llamará Magdalena Sofía.
 
 Sofía, desde la ventana de su buhardillita, otea los viñedos extensos y vuelve a sus libros. Luis, su hermano, su padrino, su maestro, es recio, exigente y hasta un poco exagerado. Estudia para llegar a sacerdote y se empeña en hacer de su hermana un doctor sesudo. Sofía era endeblita como una flor de secano, y los librotes, densos e inacabables. Profundo conocimiento de la filosofía, literaturas clásicas y modernas, el latín y el griego. Llegó a ser —decía ella— casi "más virgiliana que cristiana". Curioso este plan de estudios. Curioso por desproporcionado para una aldeana y extraño para su época, fuera de los espíritus selectos. Para colmo, estudiaba ciencias exactas, astronomía, botánica y física. Como un premio recibió el permiso para dedicarse a las lenguas vivas, y cultivó con cariño especial la española y la italiana. Más de una vez se la veía entusiasmada con el Quijote y el Castillo interior o Moradas de Santa Teresa, quien la convenció de que el español es la "langue faite pour parler à Dieu", "la lengua nacida para hablar con Dios".
 Tuvo Sofía una afición hispánica intensa. Lo más medular de su espiritualidad misma osciló siempre entre la gran Teresa de Avila y San Francisco Javier y San Ignacio. Así lo afirman todos sus biógrafos cuando comentan el estilo de las constituciones o reglas de la Sociedad del Sagrado Corazón, defendido con viril tesón contra todos los intentos de cambio. A la fundación primera en España, solicitada por las niñas catalanas alumnas del Sagrado Corazón en Perpiñán, contestó: "Doy mi adhesión con el corazón entero". Un hombre del temple hasta brusco de Luis Barat guió a su hermana por un camino áspero en exigencia y en métodos. Toda su vida, desde el corazón a la cabeza cruzando los sentidos, su jornada entera y su calendario, estaban sometidos a la brida y bocado de esta mano dura, que exigía a una débil criatura todo lo que a sí mismo. 
Tan sólo permitía el preceptor un paréntesis en el trabajo intelectual en las épocas de mayor labor campestre, durante las que la hija ayudaba a su madre en los afanes de la alegre vendimia. En aquellas ocasiones recitaba en su propio marco fragmentos de la mejor literatura bucólica.
 La revolución de 1789, la gran Revolución Francesa, descompuso esta paz del pequeño Joigny. Era la revuelta de espaldas a Dios. Ignoraba, al proclamar los "derechos del hombre", que el primer derecho del hombre es su salvación eterna. Fue la primera revolución que desprestigió esa palabra, "revolución", que hasta entonces se había podido aplicar a la obra radical promovida por el mismo Evangelio.

 Luis Barat sufrió prisión; pero, en medio de aquellos horrores, llegó a la ordenación sacerdotal, lo que venía entonces a ser sinónimo de voto de martirio, Con frecuencia en la Historia sucede algo así. Entretanto Sofía, con aquel desusado bagaje intelectual, educada en unas exigencias espirituales tan exquisitas, esperaba "un no sé qué". El ambiente de Joigny anunciaba a la muchacha el destino de una normal boda con alguno de sus buenos paisanos, cuando Luis, aspirando para su hermana desconocidos horizontes de Providencia, indicó algo que cayó como una bomba en la sencilla opinión familiar: Sofía debía salir de Joigny. La empresa era difícil, pero a la medida del tozudo Barat, hijo. A París fue él para más disimulando ejercicio de su ministerio en el secreto de las circunstancias revolucionarias. Y en casa de una heroica señora, madame Duval, fue aceptado como huésped que pagaba el pupilaje con la más cotizada moneda: la diaria celebración, estilo catacumbas, del santo sacrificio. Venía a ser una bautizada versión del pretencioso "París bien vale una misa" de aquel voluble rey francés. Poco después convive allí Sofía, alejada entre lágrimas de la paz hogareña. Prosigue su educación minuciosa, y son sus primeros ensayos educadores como catequista de los niños vecinos que crecían sin Evangelio.

 La dirección de su alma se hizo más posible en la capital y el amor de Dios aumentó entre las piras incendiarias y las guillotinas: "El Papa, desterrado de Roma, prisionero y expirando en Valence; los obispos, expatriados; las iglesias, profanadas; los conventos, destruidos: los niños, sin instrucción; los hombres, sin religión: el luto en las familias; miles de miserias públicas y privadas..." Ésta es la lista de congojas escrita entre lágrimas por Sofía. Las crueldades y ridiculeces de la revolución hastiaron a los franceses y la reacción religiosa llegó a su primera cumbre en 1797: libertad de cultos. Un celo devorador de apostolado sacudió Francia entera. Fue una vocación colectiva a la santidad. Sofía, preparada por largos años a esta llamada de la gracia, pasó tres años de preguntas a Dios: ¿por dónde? ¿El Carmelo acaso?

 En 1800 cruzaban la frontera francoalemana los Padres del Sagrado Corazón. Fundados por Tournélv. se dirigían entonces por un ex militar fogoso: el P. Varin. Varin tuvo una historia semejante a Loyola y fue jefe de esta milicia sacerdotal que acabó desembocando de hecho en la Compañía de Jesús. Luis Barat se adhirió a los Padres del Sagrado Corazón y habló al superior de su hermana como llamada por Dios. Pero ella seguía indecisa: "Lo pensaré". Pero Varin repuso: "Todo lo encamina Dios según sus designios, y la educación nada común que habéis recibido no parece ordenada por Él para ser sepultada dados los tiempos presentes. No, Sofía, ya no es hora de pensar. Cuando se conoce la voluntad de Dios hay que cumplirla... ¡Yo, en nombre suyo, os la declaro!". 



En Santa Magdalena Sofía aparece más su obra y ella en función de su obra. Nunca consintió ser llamada fundadora, y no fue superiora y no fue superiora hasta 1800, y extraordinariamente, a la fuerza; superiora general no se logró que lo fuera hasta 1806. Fue siempre a remolque de los destinos divinos. 
Las constituciones las escribe para asegurar la continuidad de su Sociedad contra asechanzas que pretendían desviar su espíritu corazonista y asesorada por los padres Varin y Druilhet. Ya de este momento vocacional escribe: "En cuanto a mí, nada preveía entonces; no hice sino aceptar lo que me proponían" Los nombres de sus colaboradoras —Deshayes, Duchesne, Maillucheau... —aparecen continuamente ligados a su vida.

 Sofía y sus compañeras, en un principio tan inclinadas al Carmelo, cedieron su vocación contemplativa a la activa, pero sin abandonar de ningún modo la contemplación. "Contemplar y entregar esa contemplación es más perfecto que sólo contemplar, lo mismo que alumbrar es más que el simple lucir", enseña Santo Tomás. Esta vida "mixta" es la escogida por la nueva sociedad religiosa. Une en armonía la contemplativa y la activa, y resulta superior a las dos. Por eso una mujercita afanosa que alimenta sus labores diarias caseras con su diaria oración y no trabaja bien si bien no ora, y no ora bien si bien no trabaja; un oficinista que en su oración diaria halla la alegría de su trabajo monótono y oscuro, y que, a fuerza de intención sobrenatural, transfigura los papeleos en la máquina, están haciendo la más perfecta vida: contemplar y dar fruto para los demás.
 Claro que la misma Sofía notará toda su vida situada en tensión entre la oración y la acción: "Lo esencial es conservar el espíritu interior en medio de este jaleo", escribirá. No siempre parece posible elevar la intención lo bastante para justificar cara a Dios largas tareas de profesor, o de enfermero, o de burócrata: "Soy como un secretario de ministro. No tengo tiempo de respirar. Las visitas, los asuntos se suceden y, en medio de este caos, ¿se puede encontrar a Jesucristo?". El motivo de esta vida tan tensa sólo es uno. En las primeras reuniones de la Sociedad preguntó el P. Varin: "¿Cuál debe ser el espíritu de la obra?". Rápidamente fue ésta la respuesta común: "La generosidad, el Corazón de Jesús, no quiere sino almas grandes".

 ¿Y por qué precisamente el Sagrado Corazón? Hasta el siglo XVII las revelaciones del Corazón de Jesús fueron conocidas sólo por alguna de las monjas de los monasterios medievales. Cuando Jansenio helaba las almas con sus herejías, que pretendían achicar el amor divino, Dios suscitaba apóstoles de su Corazón enamorado de los hombres. San Juan Eúdes, Santa Margarita María, el Beato de la Colombière y San Pompilio María Pirroti.

 Siglo XVII: San Juan Eúdes transforma la devoción corazonista en culto litúrgico, y ya en 1672 obtiene que la fiesta del Sagrado Corazón se solemnice en los seminarios de su Congregación. Y sobreviene en este siglo el gran aldabonazo del amor: las revelaciones a Santa Margarita María en Paray-le-Monial con la gran promesa, que acerca mensualmente al Sacramento como seguro de salvación. En el hecho de que los "primeros viernes" rara vez suelan lograrse completos seguidos hay algo de divina estratagema para hacernos pasar la vida en comunión.

 Con Santa Margarita de Alacoque, la Visitación, con su confesor el Beato de la Colombièrela Compañía —apóstol universal del Corazón de Cristo—, son dos las Ordenes religiosas envueltas en el nuevo fuego, que comenzará vivo en la Congregación eudista. San Pompilio María Pirroti —ya en el XVIII— embarca en la empresa a la Orden de las Escuelas Pías al propagar por Italia la primera novena al Sagrado Corazón. El siglo XIX completa el conjunto con nuestra Santa Magdalena Sofía, también en clara línea de reacción antijansenista: "¡Si se conociera qué encantador es Jesús, qué amable en los brazos de su Madre, cómo su pequeño corazón ya está latiendo por nosotros! ¡Es grande el Señor y merece ser alabado! ¡Es pequeño y merece ser amado! 
Hacedlo conocer y pronto se le amará; sobre todo hacedlo conocer a esas devotas ridículas que ponen diques a la misericordia de Dios". Aquí asoman sus viejas lecturas literarias: "dévotes ridicules" recuerda las "preciosas ridículas" del gran Moliére. Pero la originalidad de Santa Magdalena Sofía está en el fin apostólico de su Sociedad, que anhela la glorificación del corazón de Cristo por la educación de la juventud, "para devolver a las almas su fe en amor" (P. Charmot).
 El nombre de "Sociedad del Sagrado Corazón" fue conservado por la madre Barat contra viento y marea: desde el momento en que los vendeanos, al levantarse en armas, lo habían ostentado, usarlo parecía unirse a un partido político. Pero el nombre era el estilo y había de perdurar. La segunda y más íntima originalidad de la Santa era que su entrega al Corazón divino, más que una devoción, era una consagración. Santa Margarita María seguía al corazón en sus sangrientas horas de la Pasión. La santa madre Barat abarcó en la consagración de su Sociedad una visión que abarcaba esto y más: el amor de Dios en su vida humana entera, todo el Evangelio como fruto cordial de Jesucristo. "Todos los misterios de amor y salvación han brotado del Sagrado Corazón de Jesús. 
Desde que la santa humanidad del Salvador fue unida a la divinidad en el seno de María, su pequeño Corazón nos dedica ya sus primeros sentimientos: se ofrece al Padre para expiar y para salvarnos". 
Por eso cuando, en 1853, conoció la misa del Sagrado Corazón "Egredimini", de ornamento blanco —en contraste con la de ornamento rojo "Miserebitur", más acorde con el estilo de Santa Margarita—, la pidió a Roma para las casas de la Sociedad como totalmente de acuerdo con su visión del Corazón de Jesús. El doble aspecto de este estilo se manifiesta en los evangelios "Aprended de Mí" y "He venido a traer fuego a la tierra"; el primero como escuela interior, el segundo como mística de acción. Sí; era el fuego, ya desde niña, el móvil de su vida.

 La ciudad de Amiéns fue la cuna de la obra. Siguieron Grenoble, Belley, Poitiers, Niort... París, Turín, Roma. En vida de la fundadora llegan a 111 las casas. Hoy 7.000 religiosas y 180 casas llenan Europa, América, Japón, China, Egipto, Congo belga y la India.

 En Francia habían ocurrido muchas cosas. Usurpador tras usurpador, el gobierno del país había caído en las manos férreas de Napoleón. "Fue siempre costumbre de los usurpadores, al querer instalarse pacíficamente, apelar a la religión para legitimar el poder conquistado y rodearlo de una aureola que lo hiciese venerable a la faz del pueblo. Y en semejantes ocasiones el tirano permite al pueblo incluso mantener sus creencias y aun en forma espectacular ejecuta los ritos que antes había, si cabe, pisoteado". Así escribe Carlo Castiglioni en su Historia de los Papas. Y Napoleón pretendió resucitar para su utilidad una ceremonia imponente que desde tres siglos atrás no se había celebrado: la coronación imperial por manos del Papa. Pío VII temió por la cristiandad entera si se negaba y, después de abundantes y duras condiciones al flamante emperador, accedió. Fue entonces cuando, de paso el Pontífice por Lyón hacia París, camino del rito, Pío VII se digna recibir a la madre Barat y bendecir la Sociedad.
 
 En los años 1808-1816 las pruebas divinas sobre la fundadora hicieron de ella "una de las santas más crucificadas de su siglo". El capellán de la casa de Amiéns, Saint-Estéve, que, junto con los padres Varin y Druilhet, había recibido el encargo de colaborar en la redacción de las constituciones, se dejó seducir por la idea de que a él sólo correspondían las atribuciones de fundador. Así sugestionado, se lanzó a escribir unas constituciones que fueron rechazadas por la mayoría de las religiosas. Sin embargo, un grupo, las de Gante, en Bélgica, engañadas por una falsa aprobación romana apañada por el artero "fundador", y temiendo siempre por la sospecha de galicanismo que atraía envuelto indistintamente todo lo francés, siguieron a Saint-Estéve y se separaron de la fundadora. 
En este matiz el culto, estilo y nombre del Sagrado Corazón quedaban suprimidos. Nombrado secretario del embajador francés en Roma, hizo Saint-Estéve allí lo que pudo y lo que nunca debió hacer para lograr el triunfo de su facción; hasta falsificó documentos y cartas. Entretanto la madre Barat, sola, pues el padre Varin estaba en pleno noviciado en la Compañía, sostuvo su fe y la de sus atribuladas hijas: "Aceptemos la cruz desnuda. Jesús, a pesar de todo, callaba; estas tres palabras son toda mi fuerza". 
La crisis, por fin, pasa porque Roma acaba siendo la verdad y, desprestigiado el pobre Saint-Estéve, León XII aprueba en 1826 las constituciones de la Madre. Pero en 1839 todo el separatismo eclesiástico francés se revuelve en contra del traslado a Roma de la casa madre, y en 1848 la revolución expulsa al Sagrado Corazón de Suiza y del Piamonte. Nuevas pruebas para un corazón generoso.



 Al observar en las almas santas estas virtudes heroicas es preciso notar que no aparecen en ellas de un modo como mágico, automáticamente. Son el resultado de un lentísimo proceso de entrega trabajosa de sí mismo a la voluntad divina, de una sucesiva unión con las virtudes de Jesucristo cooperando con su gracia. El secreto de la vida interior de Santa Magdalena Sofía es un armónico combinado de la ascética ignaciana de los "Ejercicios" en su aspecto de contemplación familiar de la vida del Señor, las revelaciones a Santa Margarita y el año litúrgico.
 Es aquí donde aparece extraordinaria la sabiduría de la madre Barat. Actualmente ya no resulta rara esta cotización del culto en la escala interior de perfección, pero entonces el movimientos litúrgico no había hecho sino empezar, y he aquí una religiosa que ya cimienta en él la adquisición de su forma de vivir de Dios. Aun hoy es difícil para muchas almas acompasar la espiritualidad personal, el caliente momento psicológico, con el de la santa Iglesia, y Pío XII ha tenido que romper lanzas por la pretendida enemistad entre lo que han dado en llamar "piedad objetiva" —la litúrgica— y "piedad subjetiva" —la íntima—. Para la madre Barat sí que no existió este enemiga. 'La liturgia es mi pasión dominante", escribió. Y este encontrar su corazón en la liturgia, en el año litúrgico, fue normal en su vida. El padre Brou tiene un estudio admirable sobre cómo plegó con toda naturalidad su devoción personal a la piedad oficial de la Iglesia la fundadora.

 Por otra parte, su ascética fue también lo que hoy se llama "de unidad", la ascética de "salvarse en racimo". "Una hija del Sagrado Corazón no se debe salvar sola." El dogma de la comunión de los santos, que haría trazar a Pío XII una de sus más luminosas cartas encíclicas, la del Cuerpo místico, era ya cosa vivida por esta gran mujer, que llevó el ignaciano "sentir con la Iglesia" hasta las más escondidas fibras de su estilo.
 La sencilla fecundidad de la enseñanza y el ejemplo de Santa Magdalena Sofía, la extraordinaria vigencia actual de su personalidad, se presta a una prolija consideración personal y de mucho provecho. "El jueves vamos al cielo", dijo, y amaneció aquél el 25 de mayo de 1865. Pero no se acabará nunca de ir de entre nosotros esta dulce y fuerte mujer. Revive en cada religiosa del Sagrado Corazón, perdura en la caliente presencia de sus escritos. "Al irse al corazón de Dios, que tanto había amado, le quedaron las arcas llenas y las manos sanas".
A su muerte acaecida el 25 de mayo de 1865 en París, "había fundado 89 casas, de las que 74 tenían además del Pensionado, una escuela gratuita para niñas pobres. Un total de 3,700 alumnas se educaban simultáneamente en los Pensionados y unas 5,700 en las Escuelitas".

Fue beatificada el 24 de mayo de 1908 por el papa Pío X, y canonizada el 24 de mayo de 1925 por el papa Pío XI.


jueves, 24 de mayo de 2018

Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote




Jueves después de Pentecostés: Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

Hoy, jueves posterior a la solemnidad de Pentecostés, celebramos la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Aunque no figura en el calendario de la Iglesia universal, esta fiesta se ha ido extendiendo por muchos países y diócesis.


La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, fue introducida en España en 1973. Posteriormente fue solicitada por numerosos Episcopados de todo el mundo.


Se celebra el jueves posterior a la solemnidad de Pentecostés. Tiene categoría de fiesta y cuenta con textos propios para la Misa y para el Oficio. En muchas diócesis se celebra también en este día la Jornada de santificación de los sacerdotes.

Como sabemos, el Nuevo Testamento no utiliza el término sacerdote para referirse a los ministros de la comunidad. Lo reserva para denominar a Cristo (cf. Hb 6-10) y al pueblo de Dios, todo él sacerdotal (cf.  1Pe 2,9).

En relación con Cristo, la carta a los Hebreos interpreta su sacrificio, en oposición a los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza, como el nuevo, único y definitivo sacerdocio: «Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec» (Hb 5,5-6). La misma carta añade: «Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos» (Hb 9,11).

Mediante el bautismo, todos hemos sido configurados con Cristo Profeta, Sacerdote y Rey. Nuestra vida es sacerdotal en la medida en que, unida a la suya, se convierte en una completa oblación al Padre.


Hoy es también un día adecuado para meditar lo que nos dicen las Constituciones al hablar de los misioneros presbíteros: «Configurados por medio del Sacramento del Orden con Cristo Sacerdote, cuya persona representan principalmente en la celebración de la Eucaristía, compartan su muerte y su vida, de modo que conviviendo con los hombres susciten en los demás el recuerdo de la presencia del Señor» (CC 83).

24 de mayo fiesta de María Auxiliadora.




El primero que llamó a la Virgen María con el título de "Auxiliadora" fue San Juan Crisóstomo, en Constantinopla en al año 345, el dice: " Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios".

San Sabas en el año 532 narra que en oriente había una imagen de la Virgen que era llamada "Auxiliadora de los enfermos", porque junto a ella se obraban muchas curaciones.

San Juan Damasceno en el año 749 fue el primero en propagar la jaculatoria: "María Auxiliadora , rogad por nosotros". Y repite: la virgen es "auxiliadora para evitar males y peligros y auxiliadora para conseguir la salvación".



En Ucrania, Rusia, se celebra la fiesta de María Auxiliadora el 1 de octubre desde el año 1030, en ese año libró a la ciudad de la invasión de una terrible tribu de bárbaros paganos.

En el año 1572, el Papa San Pió quinto ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanias la advocación " María Auxiliadora, rogad, por nosotros", porque en ese año Nuestra Señora libró prodigiosamente en la batalla de Lepanto a toda la cristiandad que venía a ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88.000 soldados.

En el año 1600 los católicos del sur de Alemania hicieron una promesa a la Virgen de honrarla con el título de auxiliadora si los libraba de la invasión de los protestantes y hacía que se terminara la terrible guerra de los 30 años. La Madre de Dios les concedió ambos favores y pronto había ya más de 70 capillas con el título de María Auxiliadora de los cristianos.

En 1683 los católicos al obtener inmensa victoria en Viena contra los enemigos de la religión, fundaron la asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 paises.

En 1814, el Papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora. Inesperadamente el pontífice quedó libre, y llegó a Roma el 24 de mayo. Desde entonces quedó declarado el 24 de mayo como día de María Auxiliadora.

En 1860 la Santísima Virgen se aparece a San Juan Bosco y le dice que quiere ser honrada con el título de "Auxiliadora", y le señala el sitio para que le construya en Turín, Italia, un templo.

Empezó la obra del templo con sus tres monedas de veinte centavos cada una, pero fueron tantos y tan grande los milagros que María Auxiliadora empezó a obtener a favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la Gran Basílica. El Santo solía decir: " Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen", desde aquel Santuario comienza a extenderse por el mundo la devoción a María bajo el título de Auxiliadora de los Cristianos.

El nombre de Auxiliadora se le daba ya en el año 1030 a la Virgen María, en Ucrania (Rusia), por haber liberado aquella región de la invasión de las tribus paganas. Desde entonces en Ucrania se celebra cada año la fiesta de María Auxiliadora el 1ro de octubre.

Se tiene constancia de que hacia el año 1558 ya figuraba en las letanías que se acostumbraban recitar en el santuario de Loreto Italia.

Esta advocación se hizo fuerte ante la invasión de los turcos en 1571 donde San Pío V la invocó como María Auxiliadota de los Cristianos o con los Príncipes Católicos de Alemania fieles al catolicismo frente a las tesis protestantes o frente a las invasiones turcas sobre Viena en el siglo XVII o, incluso, como mano protectora frente a los caprichos de Napoleón Bonaparte que llevo al Papa Pío VII al destierro, y a su liberación, quiso en 1814 instituir en el 24 de mayo su fiesta litúrgica.

Pero sin duda fue San Juan Bosco, el santo de María Auxiliadora, con el que esta advocación mariana encontró el mejor paladín y trampolín para el desarrollo y popularidad, "No he sido yo, ha sido la Virgen Auxiliadora quien te ha salvado"... "Cada ladrillo de esta iglesia - se refería a la gran Basílica que en su obsequio empezó el 1863 - es una gracia de la Virgen María"...





Pero será exactamente en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. "La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana".

Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como "central y sintetizador". La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes salesianos, y su experiencia eclesial le hacer percibir a María como "Auxiliadora del Pueblo de Dios".

En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia en Turín. Todo su capital era de cuarenta céntimos, y esa fue la primera paga que hizo al constructor. Cinco años más tarde, el 9 de junio de 1868, tuvo lugar la consagración del templo. Lo que sorprendió a Don Bosco primero y luego al mundo entero fue que María Auxiliadora se había construido su propia casa, para irradiar desde allí su patrocinio. Don Bosco llegará a decir: "No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia".

Hoy, salesianos y salesianas, fieles al espíritu de sus fundadores  y a través de las diversas obras que llevan entre manos siguen proponiendo como ejemplo, amparo y estímulo en la evangelización de los pueblos el auxilio que viene de Santa María.