martes, 1 de noviembre de 2011

BEATA MADRE TERESA DE CALCUTA



Esta imagen de la Beata Madre Teresa de Calcuta es mi regalo de cumpleaños. Tuve la suerte de verla personalmente en Argentina y a partir de ese momento la tomé como “mi santa en vida”, realmente la venero e invoco con mucha frecuencia. Hacía tiempo que la quería hacer para ponerla en mi oratorio, pero los múltiples trabajos no me daban respiro, por un lado mejor, porque me permitió pensar bien cómo la iba a hacer. La he realizado con la técnica de telas encoladas y masillas epoxídicas . Es la misma técnica que se ha utilizado para hacer la imagen del Patriarca San José, Santa Teresita, Padre Damián, etc., con lo que les doy la pauta de las múltiples imágenes artesanales, e irrepetibles que se pueden hacer. ¿Cómo se hace? te lo cuento ahora por si no leíste los anteriores trabajos:
1)    Se parte de un soporte (que puede ser de alambre, madera, plástico, cartón, telgopor, etc.) En este caso es un tallado en yeso betalfa. Se le van marcando las partes del cuerpo. TENER EN CUENTA LAS PROPORCIONES!!!!!. En otro artículo te conté sobre las proporciones corpóreas más comunes. En este caso tener en cuenta dos cosas: que ella no era muy alta y que tenía una leve joroba (lo que la volcaba un poco hacia adelante) cuando estaba de pie.


2)    Se sigue con la cabeza y las manos (es lo primero que hice y a partir de ahí saqué las otras proporciones). Vamos pensando cómo va a ir ubicada la ropa (para esto es preciso ver fotos, que hay cantidades, para que sea más real) y las actitudes de la imagen (esto lleva bastante tiempo).
3)    Se va pensando en todos los detalles que se le quieren hacer (ubicación de las manos, de los pies, manto, etc.). Yo la voy a hacer con las manos juntas, en actitud orante y los dos detalles que le voy a agregar es el Rosario de la cintura y la cruz del hombro izquierdo.


4)    Si hiciera falta, se van añadiendo pequeñas almohadillas con algodón para darle volumen a las partes del cuerpo. Como es una mujer, le damos un poco menos a la caja torácica y a la espalda y más para las caderas. Se pinta la cara y las manos. Se añaden las cabezas y las manos. Se las fijan con masilla epoxídica.
5)    En este caso la voy a fijar a una madera natural a la que después le haré unas nubes.

6)    Se diagrama la vestimenta en tela de algodón o lino (NO SINTÉTICO) esta está realiza en lino puro. MUCHA ATENCIÓN CON EL SARI!!!!! No es fácil su ubicación en el cuerpo, hay que asesorarse un poco. Aparte antes de empezar a encolar hay que hacer las 3 franjas en todo el contorno de la tela. Yo las hice con una cinta del mismo color de las que ella usaba y las fui engomando de a poco. Es muchísimo trabajo porque tienen que quedar perfectas, del mismo tamaño y coincidir entre sí. Tomate tu tiempo y hazlo bien, mucho va a depender del resultado final y no te tientes en no hacer alguna parte porque total no sé ve, como te dije una vez a la hora de vestir te puede dar un dolor de cabeza el no haberlo hecho. Se le pasa una mezcla de cola de carpintero, tiza, enduído y colorante blanco. Por lo menos 2 manos.



7)    Dejar secar muy bien entre tela y tela, lo mismo cuando se pinta, DEJAR SECAR MUY BIEN ENTRE MANO Y MANO.
8)    Mucha PACIENCIA!!! a la hora de anexar el sari. Siempre con una foto al lado.
9)    Lo adherimos muy bien al cuerpo y lo dejamos secar. Nos vamos a ayudar haciendo algún “andamio” con palitos, hilos, alfileres etc. Para que fragüe todo en el lugar correcto.




10) Sacar el papel adherente de la base y seguir decorando con otros detalles (aureola, cinturón, manto con cubre cabeza, Rosario etc.).
11) Retocar con pigmentos al tono las marquitas que hubiéramos dejado y creamos sombras.




RECOMENDACIÓN: procuren no agregarles demasiadas cosas a las imágenes, traten de hacerlas lo más fiel que puedan, por eso recurran a algún buscador para ver estampas o fotos  hubiera.



Un poco sobre ella, su vida y su obra:

De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”. De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mí para que seamos su amor y su compasión por los pobres”. Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo: “saciar su sed de amor y de almas”.

Esta mensajera luminosa del amor de Dios nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el cruce de la historia de los Balcanes. Era la menor de los hijos de Nikola y Drane Bojaxhiu, recibió en el bautismo el nombre de Gonxha Agnes, hizo su Primera Comunión a la edad de cinco años y medio y recibió la Confirmación en noviembre de 1916. Desde el día de su Primera Comunión, llevaba en su interior el amor por las almas. La repentina muerte de su padre, cuando Gonxha tenía unos ocho años de edad, dejó a la familia en una gran estrechez financiera. Drane crió a sus hijos con firmeza y amor, influyendo grandemente en el carácter y la vocación de si hija. En su formación religiosa, Gonxha fue asistida además por la vibrante Parroquia Jesuita del Sagrado Corazón, en la que ella estaba muy integrada.

Cuando tenía dieciocho años, animada por el deseo de hacerse misionera, Gonxha dejó su casa en septiembre de 1928 para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux). En el mes de diciembre inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la Escuela para chicas St. Mary. El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpetua convirtiéndose entonces, como ella misma dijo, en “esposa de Jesús” para “toda la eternidad”. Desde ese momento se la llamó Madre Teresa. 

Continuó a enseñar en St. Mary convirtiéndose en directora del centro en 1944. Al ser una persona de profunda oración y de arraigado amor por sus hermanas religiosas y por sus estudiantes, los veinte años que Madre Teresa transcurrió en Loreto estuvieron impregnados de profunda alegría. Caracterizada por su caridad, altruismo y coraje, por su capacidad para el trabajo duro y por un talento natural de organizadora, vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y alegría. 

El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su “inspiración,” su “llamada dentro de la llamada”. Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida. Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. Ven y sé mi luz” Jesús le suplicó. 

“No puedo ir solo”. Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. Le pidió a Madre Teresa que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres. Pasaron casi dos años de pruebas y discernimiento antes de que Madre Teresa recibiese el permiso para comenzar. El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul y atravesó las puertas de su amado convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres.

Después de un breve curso con las Hermanas Médicas Misioneras en Patna, Madre Teresa volvió a Calcuta donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de los Pobres. El 21 de diciembre va por vez primera a los barrios pobres. Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”. Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella, una a una, sus antiguas alumnas. 

El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de India. El Decreto de Alabanza, concedido por el Papa Pablo VI a la Congregación en febrero de 1965, animó a Madre Teresa a abrir una casa en Venezuela. Ésta fue seguida rápidamente por las fundaciones de Roma, Tanzania y, sucesivamente, en todos los continentes. Comenzando en 1980 y continuando durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba.

Para mejor responder a las necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963, en 1976 la rama contemplativa de las Hermanas, en 1979 los Hermanos Contemplativos y en 1984 los Padres Misioneros de la Caridad. Sin embargo, su inspiración no se limitó solamente a aquellos que sentían la vocación a la vida religiosa. Creó los Colaboradores de Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes, personas de distintas creencias y nacionalidades con los cuales compartió su espíritu de oración, sencillez, sacrificio y su apostolado basado en humildes obras de amor. Este espíritu inspiró posteriormente a los Misioneros de la Caridad Laicos.  En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, Madre Teresa inició también en 1981 el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi como un“pequeño camino de santidad” para aquellos sacerdotes que deseasen compartir su carisma y espíritu. 

Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella había iniciado. Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel de la Paz en 1979, hicieron honra a su obra. Al mismo tiempo, los medios de comunicación comenzaron a seguir sus actividades con un interés cada vez mayor. Ella recibió, tanto los premios como la creciente atención “para gloria de Dios y en nombre de los pobres”. 

Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad con Dios. Pero, existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó “oscuridad” a su experiencia interior. La “dolorosa noche” de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a una siempre más profunda unión con Dios. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres.

Durante los últimos años de su vida, a pesar de los cada vez más graves problemas de salud, Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los pobres y de la Iglesia. En 1997 las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido en 610 fundaciones en 123 países del mundo. En marzo de 1997, Madre Teresa bendijo a su recién elegida sucesora como Superiora General de las Misioneras de la Caridad, llevando a cabo sucesivamente un nuevo viaje al extranjero. Después de encontrarse por última vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e instruyendo a sus Hermanas. 

El 5 de septiembre, la vida terrena de Madre Teresa llegó a su fin. El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad. Su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración para gente de fe y de extracción social diversa (ricos y pobres indistintamente). Madre Teresa nos dejó el ejemplo de una fe sólida, de una esperanza invencible y de una caridad extraordinaria. Su respuesta a la llamada de Jesús, “Ven y sé mi luz”, hizo de ella una Misionera de la Caridad, una “madre para los pobres”, un símbolo de compasión para el mundo y un testigo viviente de la sed de amor de Dios.

Menos de dos años después de su muerte, a causa de lo extendido de la fama de santidad de Madre Teresa y de los favores que se le atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de Canonización. El 20 de diciembre del 2002 el mismo Papa aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa.

HAY MUCHOS LIBROS SOBRE SU VIDA, LES RECOMIENDO LEER UNO, ES UN CANTO A LA VIDA, LA ESPERANZA Y EL AMOR.

ECCE HOMO 2




Esta imagen es similar a una que ya he publicado, pero la he hecho con entelados y objetos naturales (como ser la corona de espina y una base de madera). Queda muy bonita. Les paso a contar los pasos.
1)      Basándome en una copia que tenía de la cara de Cristo en bizcocho cerámico, la fui calando el su contorno superior para poder poner la corona de espinas. Esta la realicé con unas ramas flexibles que encontré en el campo y las púas las hice con mitades de mondadientes. La ajusté a la cabeza (protegida con una bolsa) y las fui pegando con un pegamento universal. Una vez seca la pintaré con pigmentos naturales para emparejar los colores. Fijamos la pieza a alguna madera o mármol (yo opté por la primera).

 


2)      Hecha la corona voy a reparar con enduído algunos detalles que se saltaron a la hora de calar la frente. Dejar secar muy bien y lijar todo hasta emparejar el arreglo. Se pasan 3 manos de goma laca para fijar el polvillo. Con unas alohadillas se van dando volumen a los hombros y al torso (recordar las proporciones).
3)      Diagramar la vestimenta, para ello fijarse en estampas o en internet. La pieza no lleva mucho entelado y lo que tiene que sobresalir es el rostro y no la ropa. Es una buena oportunidad para hacer algo con buenos detalles. Como les digo siempre, sobrios y con buen gusto. Yo le hice una túnica y un manto, pero podría haber sido solamente la primera. Las telas están encoladas.



 

4)      Empezamos a pintar la cabeza y mucha atención con los ojos, son una parte muy importante de la pieza. Es difícil y requiere ensayo previo. Los pueden delinear antes con algún lápiz negro, MUY SUAVEMENTE! El orden que opté para pintar es: cabello, piel, ojos,  y por último la base de madera.





5)      Agregamos la vestimenta.





6)      Ubicamos la corona de espinas, CON MUCHO CUIDADO! Recordemos que todo ya está pintado y listo, la fijamos con algún pegamento universal. Como detalle final, optativo, una aureola de bronce lisa.
 
 



A ser pacientes como el ECCE HOMO, a no apurarse, todo lleva su tiempo. Cuando vean el resultado estarán muy contentos de lo que han logrado.