jueves, 1 de diciembre de 2011

MARÍA MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS.



Esta imagen de María Medianera de todas las gracias la he realizado con la técnica de telas encoladas y masillas epoxídicas. Va a estar expuesta en la capilla que lleva su nombre de la ciudad de Oberá, Misiones, Argentina. Es la misma técnica que se ha utilizado para hacer la imagen del Patriarca San José, Santa Teresita, Padre Damián, Madre Teresa etc., con lo que les doy la pauta de las múltiples imágenes artesanales, e irrepetibles que se pueden hacer. ¿Cómo se hace? te lo cuento ahora por si no leíste los anteriores trabajos:
1)    Se parte de un soporte (que puede ser de alambre, madera, plástico, cartón, telgopor, etc.) En este caso es un tallado en yeso betalfa. Se le van marcando las partes del cuerpo. TENER EN CUENTA LAS PROPORCIONES!!!!!. En otro artículo te conté sobre las proporciones corpóreas más comunes.


   2)    Se sigue con la cabeza y las manos (es lo primero que hice y a partir de ahí saqué las otras proporciones). Vamos pensando cómo va a ir ubicada la ropa (para esto es preciso ver imágenes, para que sea más real) y las actitudes de la imagen (esto lleva bastante tiempo) y en este caso mucho más porque le imagen original no es estatua, es un cuadro que se encuentra en Portugal.



3)    Se va pensando en todos los detalles que se le quieren hacer (ubicación de las manos, de los pies, manto, etc.).
4)    Si hiciera falta, se van añadiendo pequeñas almohadillas con algodón para darle volumen a las partes del cuerpo. Como es una mujer, le damos un poco menos a la caja torácica y a la espalda y más para las caderas. Se pinta la cara y las manos. Se añaden las cabezas y las manos. Se las fijan con masilla epoxídica.
5)    En este caso la voy a fijar a una madera natural.




6)    Se diagrama la vestimenta en tela de algodón o lino (NO SINTÉTICO) esta está realiza en lino puro. Se le pasa una mezcla de cola de carpintero, tiza, enduído y colorantes hasta llegar al color original de la imagen. Por lo menos 2 manos.
7)    Dejar secar muy bien entre tela y tela, lo mismo cuando se pinta, DEJAR SECAR MUY BIEN ENTRE MANO Y MANO. Previamente hacemos el marcado del fileteado que le vamos a hacer en dorado.







8)    Mucha PACIENCIA!!! a la hora de anexar el manto. Siempre con una foto al lado.

  
 

 



9)    Lo adherimos muy bien al cuerpo y lo dejamos secar. Nos vamos a ayudar haciendo algún “andamio” con palitos, hilos, alfileres etc. Para que fragüe todo en el lugar correcto.
10) Es momento de filetear el manto a los costados y en la parte de la cabeza.
11) Sacar el papel adherente de la base y seguir decorando con otros detalles (aureola, cinturón, manto con cubre cabeza, etc.). En este caso le hice una corona con masilla epoxídica y cristales checos. Luego su aureola con su título.

 




12) Retocar con pigmentos al tono las marquitas que hubiéramos dejado y creamos sombras.

 

 





Un poco de historia sobre esta advocación Mariana y algunas reflexiones:

Cuando llegó su hora, dijo Jesús: todo está consumado. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. Abandonado de todos, Jesucristo, el Dios encarnado, ha muerto en una cruz, víctima de amor por los pecados de los hombres. Asistido por su Madre, la Virgen Corredentora, nos ha alcanzado con su muerte la vida, y desde el Cielo, donde ahora vive siempre para rogar por nosotros, aplica a cada alma, mediante los sacramentos confiados a la Iglesia, la gracia salvadora que consiguió con su Sangre. No habéis sido redimidos con oro o plata, cosas corruptibles, sino con la sangre preciosa del Cordero inmaculado e incontaminado, Cristo.

LA MEDIACIÓN MATERNAL DE LA VIRGEN

El Señor, por la misericordia de su providencia divina, ha querido que todas las gracias, que sólo a Él pertenecen por derecho propio y exclusivo, nos fueran distribuidas por manos de su Madre, la Virgen Santísima. Pues, si en verdad el Verbo obra milagros e infunde la gracia por medio de la humanidad que asumió, si se sirve de los sacramentos y de sus santos como instrumentos para la salvación de las almas, ¿por qué no ha de poder servirse de los oficios y de la acción de su Madre Santísima en la distribución de los frutos de la redención? Y Dios, que ciertamente pudo, lo quiso y lo hizo.

Nadie con más motivos ni mejores títulos que María para ser la dispensadora de las gracias de Dios. Ella, que por su maternidad divina toca las fronteras de la divinidad, única criatura en la que mora la plenitud de la gracia, tiene una idoneidad especial para administrar los tesoros de Dios.
Ella, en dependencia de su Hijo, nos corredimió, nos alcanzó con sus propios méritos las gracias y auxilios necesarios para nuestra salvación, y es lógico, dice Santo Tomás, que quien adquiere bienes para otros, los dispense por sí mismo.
Ella, tan estrechamente unida a Cristo por los lazos de la maternidad y por una singular comunión de espíritu, participa, muy por encima de los Ángeles y de los Santos, de la real potestad de gobernar y conducir a los hombres hacia la patria celestial. Precisamente de esta unión con Cristo Rey deriva en Ella tan esplendorosa sublimidad, que supera en excelencia todas las cosas creadas; de esta misma unión con Cristo nace aquel poder regio, por el que Ella puede dispensar los tesoros del Reino del divino Redentor; por último, en la misma unión con Cristo tiene origen la eficacia inagotable de su materna intercesión ante su Hijo y ante el Padre .
Junto a todos estos títulos, también su amor de Madre hacia todos los hombres, a quienes ha engendrado espiritualmente en Cristo, la hace acreedora de tan singular misión en la economía de la gracia. Perfeccionar el ser es propio de quien le dio la existencia, y la Virgen cumple acabadamente su papel de Madre, ayudándonos con amorosa solicitud desde el Cielo, proporcionándonos los auxilios necesarios para que lleguemos al estado de un varón perfecto, a la medida de la edad perfecta según Cristo.
Por todos estos motivos, verdadera propiamente puede afirmarse que nada absolutamente de aquel gran tesoro de gracia ganado por Jesucristo... se nos da sino por María, según la voluntad del mismo Dios; de tal manera que así como nadie puede llegar al Padre sino por el Hijo, casi del mismo modo nadie puede llegar a Cristo sino por María.


TODAS LAS GRACIAS NOS VIENEN POR MARÍA

Ya en la tierra quiso el Señor servirse de la maternal mediación de María para santificar a Juan el Precursor en el seno de Isabel. En cuanto penetró la voz de tu saludo en mis oídos, declara la prima de la Virgen, dio saltos de júbilo la criatura en mi seno. Y también en Caná a instancias de la Virgen -no tienen vino - realizó Jesús su primer milagro; un prodigio material -la conversión en vino de seis tinajas de agua-, con frutos espirituales: y sus discípulos, añade el Evangelista al terminar el relato, creyeron en EL.
Por la intercesión ante su Hijo, Nuestra Señora nos alcanza y distribuye todas las gracias, con ruegos que jamás pueden quedar defraudados. ¿Cómo no va a escuchar la Trinidad a la que es Madre de Dios, Hija de Dios, Esposa de DiosJesús no puede negar nada a esa Madre que lo engendró y llevó en su seno, que estuvo siempre con El, desde Nazaret hasta la humillación y el dolor de la Cruz. Por eso se ha llamado a la Virgen Omnipotenciasuplicante.
Del amor maternal de la Virgen brotan a torrentes las aguas de la gracia, de los dones de Dios: para todos los hombres, porque para Ella todos somos sus hijos queridos. Su Corazón dulcísimo no rechaza a nadie: es descanso para los que trabajan, consuelo de los que lloran, medicina para los enfermos, puerto para los que maltrata la tempestad, perdón para los pecadores, dulce alivio de los tristes, socorro de los que oran.
Todas las gracias, grandes y pequeñas, nos han llegado por manos de María. Tus dádivas son incontables. Nadie sino por ti, ¡oh Santísima!, consigue su salvación. Nadie se libra del mal sino por ti. Nadie sino por ti halla indulgencia. Y también por su mediación, el Señor nos ha dado la gracia soberana de la vocación. Quizá una mirada de su Madre le conmovió hasta el extremo de llamarte a la Obra, por la mano inmaculada de la Santísima Virgen, Nuestra Señora.
En correspondencia a esta lluvia inagotable de gracias que el Señor nos concede por María, en nuestra alma florece un sentimiento perpetuo de agradecimiento a la Virgen y, a la vez, de seguridad, de confianza, que nos mantiene firmes y serenos en esta lucha por extender el reino de Dios. ¿En quién nos vamos a apoyar, sino en esa Madre Nuestra que tan poderosa es ante su Hijo?



PIEDAD MARIANA

La mediación universal de María se convierte así en patrimonio de nuestra fe prenda de segura esperanza, acicate de amor, cauce por donde discurre toda nuestra vida de piedad. Nuestros anhelos y esperanzas de santidad y apostolado pasan por la Virgen, auxiliadora y abogada nuestra. En sus manos nos abandonamos invocándola, para que nos ilumine, para que nos sostenga a lo largo de nuestra vida, para que trabajemos encendidos, y vivamos vida de amor, a Dios, a la Iglesia, a las almas. Hijos míos, insiste el Padreque invoquéis de corazón, con confianza, a la Santísima Virgen. Pensad que ha sido la gran protectora, el gran recurso nuestro desde aquel de octubre de 1928, y antes.
Confiados en la omnipotente intercesión de Nuestra Señora, hemos aprendido a pedirle por la Obra y por el Padre, por la santidad de todos nuestros hermanos: Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum!; que nos prepare un caminar seguro; que nos haga fieles, leales, sinceros, y sobre todo que nos alcance la gracia de no apartarnos nunca de su Hijo. ¿Quieres pedirle a la Madre de Dios, que es Madre tuya mía, que nos meta bien bajo su protección, en el Corazón de Jesucristo?
Le pedimos también que nos enseñe a tratar a Jesús, a pronunciar con dulzura ese nombre suavísimo, a enamorarnos de su Hijo con el vigor de un corazón joven y limpio: Madrele rogamos, nos acogemos bajo tu amparo: sub tutum praesidium. Debajo de ese manto -de tu manto- hemos crecido como crecen los niños pequeños en los brazos de su madre. Que seas tú siempre nuestra Maestra, para que aprendamos a tratar y a querer a tu Hijo.
Agradecidos por todos estos dones, que como dispensadora de las gracias del Cielo nos alcanza, le prometemos que, con su ayuda, a pesar de las personales flaquezas, seremos fieles a nuestra vocación de apóstoles: Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, que tanto sabes de las miserias de tus hijos los hombres. Santa María, poder suplicante: perdón por la vida nuestra; por lo que ha habido en nosotros que tenía que haber sido luz y ha sido tinieblas; que tenía que haber sido fuerza ha sido flojedad; que tenía que haber sido fuego, y ha sido tibieza. Ya que conocemos la poca calidad de nuestra vida, ayúdanos a ser de otra manera, a tener contigo -como hijos tuyos- ese buen aire de familia.

ACUDIR A MARÍA

Al contemplar la largueza con que la Virgen Santísima distribuye las gracias que le ha confiado su Hijo, se nos ensancha el alma, y queremos, como Ella, llevar a todos los hombres los bienes inmensos que Cristo nos ganó. Y, en nuestra oración, en nuestro trabajo, de lo más íntimo del alma suben a la Reina del Cielo peticiones por la Iglesia, la barca de Pedro que lleva tantos siglos por los mares del mundo, para que Ella, Mater Ecclesiae, la proteja como hasta ahora y la guíe. Especialmente le pedimos por el Papa, il dolce Cristo in terra, el dulce Cristo en la tierra, como le llamaba Santa Catalina de Siena, y como el Padre repite con amor: para que le ilumine, le asista y le dé fortaleza, materna y paterna, para defender a la Iglesia contra los enemigos de dentro y de fuera.
La invocamos, Regina christianorum, para que nos encienda más y más en el deseo de llevar a todos los hombres a los pies de su Hijo; para que, como el ama de casa de la parábola evangélica, nos tome en sus manos y nos haga fermento bueno en la misma entraña de la gran masa del mundo. Así, bajo la protección de nuestra Madre del Cielo -nos dice el Padre-tú, pequeño fermento, pequeña levadura, sabrás hacer que toda la masa de los hombres fermente en amor de Cristo, y sentirás aquellas ansias que a mí me hicieron escribir: Omnes -¡todos!, ¡que ni una sola alma se pierda!-cum Petro ad Iesum per Mariam.
A su protección, Regina Apostolorum, encomendamos de modo particular esas almas en las que puede arraigar la vocación de apóstol. Sabemos que la llamada a la Obra es una gracia especialísima, pero ¿qué no podrá conseguir una palabra, una mirada, un solo gesto de Nuestra Señora? Escúchanos, piadosa Madre de Cristo, pues el Hijo te honra no negándote nada
Le pedimos, en fin, por el mundo, inmenso campo que el Señor nos ha confiado para que lo santifiquemos con nuestro trabajo. Ella, Regina mundi, hará realidad las ansias que llevamos en el corazón. No nos asusta la extensión de la tarea, ni nos acobarda nuestra pequeñez, ni tememos los ataques del enemigo de Dios, porque el Señor, a través de Nuestra Madre, nos dará las gracias necesarias. Y sentimos, ya desde ahora, que en sus manos podremos ofrecer a Dios un mundo santificado, redimido, en el que Cristo impere en la cima de todas las actividades humanas. María es siempre el camino que conduce a Cristo. Cada encuentro con Ella se resuelve necesariamente en un encuentro con Cristo mismo. ¿Qué otra cosa significa el continuo recurso a María, sino un buscar entre sus brazos, en Ella y por Ella y con Ella, a Cristo, nuestro Salvador?.
Tenemos todos los motivos para acudir siempre a María, en la seguridad de que siempre seremos escuchados, recordándole que jamás se -oyó decir, que ninguno de cuantos han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de vos.
Animado con esta confianza, a vos acudo, Virgen Madre de las vírgenes... Madre de Dios, no desechéis mis súplicas.
Ella es la seguridad, Ella es la esperanza, Ella es la Madre del Amor Hermoso. Ella es el principio y el asiento de la sabiduría; y Ella, la Virgen Madre, medianera de todas las gracias, es la que nos llevará de la mano hasta su Hijo, Jesús. Hijos míos, cuando estéis alegres y cuando estéis tristes; cuando vuestras miserias sean menos aparentes y cuando os pesen más; acudid siempre a María, porque Ella jamás os abandonará.

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