miércoles, 16 de agosto de 2017

16 de agosto fiesta de SAN ROQUE.



Este santo se ha hecho famoso en el mundo por los grandes favores que consigue a favor de pobres y enfermos. Su popularidad ha sido verdaderamente extraordinaria cuando a pueblos o regiones han llegado pestes o epidemias, porque consigue librar de la enfermedad y del contagio a muchísimos de los que se encomiendan a él. Quizás él pueda librarnos de epidemias peligrosas.

San Roque nació en Montpellier, de una familia sumamente rica, en el año 1300. Muertos sus padres, él vendió todas sus posesiones, repartió el dinero entre los pobres y se fue como un pobre peregrino hacia Roma a visitar santuarios.

Y en ese tiempo estalló la peste de tifus y las gentes se morían por montones por todas partes. Roque se dedicó entonces a atender a los más abandonados. A muchos logró conseguirles la curación con sólo hacerles la señal de la Santa Cruz sobre su frente. A muchísimos ayudó a bien morir, y él mismo les hacía la sepultura, porque nadie se atrevía a acercárseles por temor al contagio. Con todos practicaba la más exquisita caridad. Así llegó hasta Roma, y en esa ciudad se dedicó a atender a los más peligrosos de los apestados. La gente decía al verlo: "Ahí va el santo".
 
Y un día mientras atendía a un enfermo grave, se sintió también él contagiado de la enfermedad. Su cuerpo se llenó de manchas negras y de úlceras. Para no ser molesto a nadie, se retiró a un bosque solitario, y en el sitio donde él se refugió, ahí nació un aljibe de agua cristalina, con la cual se refrescaba.

Y sucedió que un perro de una casa importante de la ciudad empezó a tomar cada día un pan de la mesa de su amo e irse al bosque a llevárselo a Roque. Después de varios días de repetirse el hecho, al dueño le entró curiosidad, y siguió los pasos del perro, hasta que encontró al pobre llaguiento, en el bosque. Entonces se llevó a Roque a su casa y lo curó de sus llagas y enfermedades.

Apenas se sintió curado dispuso el santo volver a su ciudad de Montpellier. Pero al llegar a la ciudad, que estaba en guerra, los militares lo confundieron con un espía y lo encarcelaron. Y así estuvo 5 años en la prisión, consolando a los demás prisioneros y ofreciendo sus penas y humillaciones por la salvación de las almas.
 
Y un 15 de agosto, del año 1378, fiesta de la Asunción de la Virgen Santísima, murió como un santo. Al prepararlo para echarlo al ataúd descubrieron en su pecho una señal de la cruz que su padre le había trazado de pequeñito y se dieron cuenta de que era hijo del que había sido gobernador de la ciudad. Toda la gente de Montpellier acudió a sus funerales, y desde entonces empezó a conseguir de Dios admirables milagros y no ha dejado de conseguirlos por montones en tantos siglos.


Lo pintan con su bastón y sombrero de peregrino, señalando con la mano una de sus llagas y con su perro al lado, ofreciéndole el pan.








martes, 15 de agosto de 2017

Nuevos trabajos.

Les muestro dos nuevas imágenes que he hecho de la Sagrada Familia. Espero les gusten. En otras entradas les comentaré el paso a paso para que vean cómo fueron hechas. Dios los bendiga.

Sagrada Familia 1



 Sagrada Familia 2




15 de agosto fiesta de la ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.


El Papa Pío XII definió solemnemente el dogma de la Asunción de María el 1 de noviembre de 1950. Este dogma fue promulgado en la Constitución "Munificentissimus Deus":

Las razones fundamentales para la definición del dogma presentadas por Pío XII fueron:

1-La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en cuerpo y alma, en la gloria del cielo.

2-Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuidó, le estrechó contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le dio vida, llegase a la corrupción.

3-Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la muerte no sufriera la corrupción.

4-Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y del alma.


La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.

La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.

Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.

También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas virtudes.

La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó a María por su maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.



María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.

En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza.
María tuvo una enorme confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de Dios. Vivió con una inmensa paz porque vivía en Dios, porque cumplió a la perfección con la voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es lo que la llevó a gozar en la gloria de Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra Madre del Cielo.

La fiesta de la Asunción es “la fiesta de María”, la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra en su honor. Este día festejamos todos los misterios de su vida.

Es la celebración de su grandeza, de todos sus privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.

María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado de Dios.

En la Tierra todos queremos llegar a Dios y por este fin trabajamos todos los días, ya que ésa es nuestra esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también.


El dogma de la Asunción

Se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus, con las siguientes palabras:

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".

Ahora bien, ¿por qué es importante que los católicos recordemos y profundicemos en el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo? El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica responde a este interrogante:

"La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (#966).

La importancia de la Asunción para nosotros, hombres y mujeres de comienzos del Tercer Milenio de la Era Cristiana, radica en la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María, mujer de nuestra raza, ser humano como nosotros, quien se halla en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es eso: una anticipación de nuestra propia resurrección.

Más aún, la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un Dogma de nuestra fe católica, expresamente definido por el Papa Pío XII hablando "ex-cathedra". Y ... ¿qué es un Dogma? Puesto en los términos más sencillos, Dogma es una verdad de Fe, revelada por Dios (en la Sagrada Escritura o contenida en la Tradición), y que además es propuesta por la Iglesia como realmente revelada por Dios.

En este caso se dice que el Papa habla "ex-cathedra", es decir, que habla y determina algo en virtud de la autoridad suprema que tiene como Vicario de Cristo y Cabeza Visible de la Iglesia, Maestro Supremo de la Fe, con intención de proponer un asunto como creencia obligatoria de los fieles Católicos.

El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica (#966) nos lo explica así, citando a Lumen Gentium 59, que a la vez cita la Bula de la Proclamación del Dogma: "Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del Cielo y elevada al Trono del Señor como Reina del Universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte".
 
Y el Papa Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre la Asunción, explica esto mismo en los siguientes términos:

"El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio" (JP II, 2-julio-97).

"Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos" (JP II , Audiencia General del 9-julio-97).

Continúa el Papa: "María Santísima nos muestra el destino final de quienes `oyen la Palabra de Dios y la cumplen' (Lc. 11, 28). Nos estimula a elevar nuestra mirada a las alturas, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha del Padre, y donde está también la humilde esclava de Nazaret, ya en la gloria celestial" (JP II, 15-agosto-97)

Los hombres y mujeres de hoy vivimos pendientes del enigma de la muerte. Aunque lo enfoquemos de diversas formas, según la cultura y las creencias que tengamos, aunque lo evadamos en nuestro pensamiento, aunque tratemos de prolongar por todos los medios a nuestro alcance nuestros días en la tierra, todos tenemos una necesidad grande de esa esperanza cierta de inmortalidad contenida en la promesa de Cristo sobre nuestra futura resurrección.


Mucho bien haría a muchos cristianos oír y leer más sobre este misterio de la Asunción de María, el cual nos atañe tan directamente. ¿Por qué se ha logrado colar la creencia en el mito pagano de la re-encarnación entre nosotros? Si pensamos bien, estas ideas extrañas a nuestra fe cristiana se han ido metiendo en la medida que hemos dejado de pensar, de predicar y de recordar los misterios, que como el de la Asunción, tienen que ver con la otra vida, con la escatología, con las realidades últimas del ser humano.

El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Santísima Trinidadla Santísima Virgen María y los Ángeles y Santos del Cielo. El saber que María ya está en el Cielo gloriosa en cuerpo y alma, como se nos ha prometido a aquéllos que hagamos la Voluntad de Dios, nos renueva la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre.







lunes, 14 de agosto de 2017

14 de agosto fiesta de SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE.






"Tenemos que ganar el mundo entero y cada alma, ahora y en el futuro hasta el final de los tiempos, para la Inmaculada y a través de ella, para el Corazón Eucarístico de Jesús". (San Maximiliano María Kolbe)


LA NIÑEZ

María Dabrowska, madre de San Maximiliano, era una joven piadosa que pensó en ser religiosa "para gozar del paraíso junto a las almas puras". Pero los problemas políticos de la época no lo hicieron posible. Polonia, su patria, estaba ocupada por los rusos, quienes habían cerrado los conventos y dispersado a los religiosos. Apenas existía algún que otro convento clandestino. Entonces rezó: "Señor, no quiero imponeros mi voluntad. Si vuestros designios fueran otros, dadme al menos un marido que no blasfeme, no tome alcohol, no vaya a la taberna a divertirse. Esto, Señor, te lo pido incondicionalmente".

María deseaba emprender una vida familiar cristiana. Dios la escuchó. El elegido de su corazón fue Julio Kolbe, católico fervoroso perteneciente a la Tercera Orden Franciscana, de la cual era dirigente y en la que ingresó ella también. Era dulce y sensible, casi tímido, y sin vicios.



Los jóvenes esposos de la ciudad de Pabiance tenían un su casa un taller y un altarcito con la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Czestochowa, veneradísima patrona de Polonia.

PRIMEROS AÑOS. LA VIRGEN LO VISITA

Allí nacieron los hijos. El primero fue Francisco; luego, el 8 de enero de 1894 nació Raimundo quien mas tarde tomaría el nombre religioso de Maximiliano. Nacieron tres hijos mas: José, Valentín y Antonio. Los dos últimos murieron prematuramente. La casa de los Kolbe era pobre pero llena de amor. Los padres, laboriosos y religiosos educaron con rectitud a los tres niños, llenos de vida y traviesos. San Francisco era el ideal en el que los jóvenes crecieron.
 
"Maximiliano deseaba desbordar de alegría como San Francisco; y como Francisco deseaba conversar con los pájaros" (Proc.Vars., fol 340)

Alrededor del 1906, sucede un acontecimiento que marca un jalón fundamental en la vida de Maximiliano, y que deja preocupada y desconcertada a la madre. Ella misma lo relata, a los pocos meses del martirio del hijo. "Sabia yo de antemano, en base a un caso extraordinario que le sucedió en los años de la infancia, que Maximiliano moriría mártir. Solo no recuerdo si sucedió antes o después de su primera confesión. Una vez no me gusto nada una travesura, y se la reproche: Niño mío, ¡quien sabe lo que sera de ti!. Después, yo no pensé mas, pero observe que el muchacho había cambiado tan radicalmente, que no se podía reconocer mas. Teníamos un pequeño altar escondido ente dos roperos, ante el cual el a menudo se retiraba sin hacerse notar y rezaba llorando. En general, tenia una conducta superior a su edad, siempre recogido y serio, y cuando rezaba, estallaba en lagrimas. Estuve preocupada, pensando en alguna enfermedad, y le pregunte: ¿te pasa algo? ¡Has de contar todo a tu mamita!
 
Temblando de emoción y con los ojos anegados en lagrimas, me contó: "Mama, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen me dijera lo que seria de mi. Lo mismo en la iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. Me miro con cariño y me pregunto si quería esas dos coronas. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que seria mártir. Conteste que las aceptaba... (las dos). Entonces la Virgen me miro con dulzura y desapareció".

El cambio extraordinario en la conducta del muchacho, para mi, atestiguaba la verdad de las cosas. El tenia plena conciencia, y al hablarme, con el rostro radiante señalaba la deseada muerte de mártir. Este fascinante encuentro de Maximiliano con su "Madrecita" celestial es algo mas que un episodio pasajero. Es la raíz de todo su futuro; es el motor de sus amplios planes; es la fuerza para los vuelos más audaces; es el manantial de su santidad y de apostolado.

VOCACIÓN FRANCISCANA

Alrededor de Pascua de 1907 se realizo en Pabianice una Misión predicada por los Franciscanos Conventuales, los que se ganaron la admiración de los jóvenes Kolbe. Al final, uno de los frailes, el P. Pellegrino Haczela, anunció que se había abierto en Leopolis un seminario que recibiría a todos los jóvenes que deseasen consagrarse al Señor en la Orden franciscana. Maximiliano sentía su vocación ya preparada por la Virgen y por la vida Franciscana de su hogar. Los dos hermanos en la sacristía hablaron con los Misioneros, pidiéndoles los recibieran en la Orden. Sus padres dieron su consentimiento aunque sabían que seria un gran sacrificio para toda la familia.

Ingresaban en los Frailes Menores Conventuales el mes de octubre del ano 1907 en Luov, en la Polonia ocupada por Austria. Raimundo tomó el nombre de Maximiliano María. El padre Wilk asi describe a Maximiliano: "era diligente en el cumplimiento de sus deberes, dotado por las matemáticas, obediente a los profesores, servicial con los compañeros, alegre y equilibrado. Rezaba con recogimiento. Un episodio se me grabó por siempre. Entrando en una sala, vi a Maximiliano de rodillas ante una gran cruz, absorto en oración."

Pero entró la crisis en los dos hermanos. Maximiliano llegó a convencerse y convencer a su hermano de abandonar el seminario. ¿La noche oscura del alma?, ¿temor ante un reto que el se tomaba tan en serio que le pareciera por encima de su potencial?,¿dudas de como cumplir con su opción de las dos coronas cuando se le apareció la virgen?. Cuando estaban por hablar con el superior, de pronto les visita la madre llena de alegría al verlos. Orgullosa les cuenta que el hermano menor también va a entrar en la orden. ¡Además ella y su esposo también tienen vocación religiosa de manera sera toda la familia Franciscana!. La madre les aseguró que ella siempre oraría por sus hijos. Abrazos y lágrimas acentuaban sus palabras.

Aquella visita disipó todas las dudas en los corazones de los hermanos. Nueve años mas tarde, desde Roma, recuerda aquella visita en una carta a su madre y la considera "salvador, providencial y regalo de la Inmaculada". Su madre tristemente le comunica la salida de su hermano Francisco de la orden.

El 4 de septiembre de 1910 vistió el sayal franciscano, ciño a su cintura el cordón de San Francisco, y comenzó su año de noviciado. ¡Que gran emoción, y tenia apenas dieciséis años!

En el otoño de 1912, el P. Provincial teniendo en cuenta las excelentes cualidades intelectuales de Fray Maximiliano, dispuso que, junto a otros, siguiera sus estudios de filosofía y teología en Roma. Los años romanos serán fecundísimos y decisivos en la vida de Maximiliano. La Virgen lo espera para inspirarle la fundación de La Milicia de la Inmaculada.


LOS AÑOS DE ESTUDIO EN ROMA

En 1917, por razón del 75 aniversario de la conversión de Alphonse Ratisbon, conocido agnóstico anti-católico de linaje judío, San Maximiliano fue inspirado a fundar una asociación pía de fieles conocida como "La Milicia de la Inmaculada". Su propósito es promover el amor y el servicio a la Inmaculada, la conversión de las almas a Cristo.

Era también ese el año de las apariciones en Fátima. La Milicia debía responder a la Inmaculada Mediadora para la conversión y santificación de los no católicos, especialmente aquellos que rechazaban a la Iglesia. Sus miembros se consagran a la Santísima Virgen María y cada día lo viven ofreciéndolo todo a ella por la conversión de los pecadores y esforzándose por todos los medios por establecer el Reino del Corazón de Jesús sobre el mundo.

A lo largo de siete años (1912-1919) le absorbe fundamentalmente el estudio. Maximiliano termina sus estudios romanos con dos doctorados. El primero en filosofía, 1915 en la famosa Universidad Gregoriana. El segundo en teología en 1919 en el Colegio Seráfico Internacional. No tenia por ello vanidad intelectual sino que su deseo era "poder confundir a los incrédulos".

"Por la misericordia de Dios a través de la intercesión de la Inmaculada, el 28 de abril de 1918, fui consagrado sacerdote de nuestro Señor Jesucristo", anota Maximiliano. Celebra su primera Misa en el altar de la Aparición en S. Andrés "delle Fratte", lugar de la conversión de Alfonso Ratisbonne. Es su primer sacrificio eucarístico, a los pies de su Reina inmaculada.

REGRESO A POLONIA Y CRECIMIENTO DE LA MILICIA DE LA INMACULADA

El P. Maximiliano vuelve a su Polonia querida. Solo tiene 25 años, pero intelectual, moral y espiritualmente, es un hombre cabal. Pero tiene mala salud, sus pulmones están lesionados. "Ha vuelto enfermizo, débil, sin dar grandes esperanzas de trabajo" escribe el P. Kubit. Pero había vuelto con una fuerza espiritual extraordinaria. Pocos lo escuchaban y lo comprendían y no faltaron las persecuciones y luchas, las calumnias y obstáculos. "Sin embargo, aunque todo este en contra de nosotros, tenemos, cual faro y brújula la santa obediencia, a través de la cual se manifiesta la voluntad de la Inmaculada".

Enseña Historia de la Iglesia en Cracovia, Polonia. Allí organiza el primer grupo de la milicia fuera de Italia. Por causa de su mala salud su orden lo libera de otros cargos para que pueda dedicarse exclusivamente a la promoción de la Milicia.

"La Milicia de la Inmaculada es todo el ideal de mi vida". Hablaba de ella y exaltaba su misión. Insistía en la necesidad de organizarse; invitaba a asociarse a la M.I. Su "idea fija" lo perseguía. Y el quería contagiar su entusiasmo a todos.

El 7 de octubre de 1919, Fiesta del Rosario, seis hermanos clérigos con su maestro el P. Keller han rubricado su adhesión a la Milicia de la Inmaculada, mediante la cual quiso expresar, ya antes de ser sacerdote, su amor a la Inmaculada y su ardoroso celo apostólico.

Pese a su pobre salud, fue dada la sesión inaugural de la M.I.: el 12 de enero de 1920. ¡Fecha preciosa en los anales de la M.I.! En ese día el P. Kolbe pudo cosechar para la Inmaculada la adhesión y consagración de todos aquellos a los que el había formado y comunicado su fuego mariano. Entre ellos había estudiantes y obreros, soldados y amas de casa. A pesar de la oposición y altibajos, muchos habían sentido un llamado interior de renovación cristiana, a la luz de la Inmaculada, y se consagraron para ser "cosa y propiedad" de la Inmaculada, esclavos de Ella, como Ella lo había sido del Señor (Lc. 1,48).

Maximiliano: EL CABALLERO DE LA INMACULADA

El amor a la Inmaculda reclama un medio para comunicarlo y para salvar almas. Se debe hacer todo lo posible para llegar a todos y forjar santos que dieran su vida por amor. Además los miembros necesitaban vincularse y formar una verdadera familia espiritual, armarse con una visión clara de los designios de Dios, llegar a una coherencia de vida. Para ello nació la necesidad de un boletín de enlace. La M.I. debía utilizar todo medio de propaganda y divulgación, para el advenimiento del reinado de María.

En la mente del padre Kolbe "El Caballero de la Inmaculada" debía tener un aliento amplio y generoso. No solo debía servir para estrechar vínculos de fervor entre los asociados de la M.I, sino que también debía abrirse a todas las familias de Polonia y del mundo. Debía "llevar a la Inmaculada a las casas, para que las almas, acercándose a María, reciban la gracia de la conversión".


Por noviembre de 1922, la Milicia de la Inmaculada se traslada con todo su taller a la ciudad de Grodno. El padre Kolbe quiere conquistar para la gloria de la Virgen el mundo entero con las nobles armas de la cultura y verdad. Quiere "forrar el mundo entero con papel impreso para devolver a las almas la alegría de vivir". Allí el crecimiento de la M.I. será vertiginoso en las dos vertientes: editorial y vocacional. El padre Maximiliano emprendió esta nueva tarea editorial que llego a ser la obra quizás mas fecunda de apostolado en nombre de la Inmaculada. Como toda obra nueva conoció las dificultades iniciales. Le costo tiempo para ser conocida, apreciada e imponerse.

La M.I. necesitaba servidores, pero debían ser consagrados y no obreros a sueldo. El altísimo ideal mariano requería ser servido con todo el corazón y para toda la vida. La entrega y la generosidad de los servidores de la Inmaculada debían ser incondicionales y sin limites. El trabajo que realizarían, debía ser una liturgia, un acto de amor, una ofrenda. La obra de María no podía ser una simple empresa comercial, sino una consagración.

-"No olviden, muchachos, no se trata de ganar suscritores, sino de salvar almas." "Es muy importante que se imprima ‘El caballero’ en millones de ejemplares; pero es más importante que con él se invie una oración, porque cada número ha de ser preparado con la oración, con el postrarnos de rodillas"

El P. Maximiliano hizo fotografiar a los hermanos, en habito franciscano, ocupados en las distintas fases de trabajo en el taller, y publicar las fotos. Causaron tremenda conmoción. Todos, particularmente los jóvenes quedaron impresionados al ver frailes y monjas llenos de gozo en el servicio a la Virgen por medio de la imprenta. Cundieron los deseos de consagrar la vida a la Virgen, vinieron mas vocaciones. Una llamada a evangelizar con todas las fuerzas con la imprenta pero desde una base de vida consagrada y sin diluir las exigencias de los votos. He ahí la profunda innovación del P. Maximiliano.

La técnica del taller debía servir a la Inmaculada dentro de una vida en la Bienaventuranzas, con los votos religiosos y con el mas exigente seguimiento al Señor. El padre Kolbe era exigente como lo era consigo mismo: Les pide sus mismos ideales religiosos y marianos: una obediencia total, una filial devoción a la Virgen, fervor de apostolado a través de la prensa y otros medios de progreso moderno, heroicos renunciamientos según el lema: "¡Nada para si, todo para la Inmaculada!".

El diario se publica según estas ideas: 1-formato pequeño, 2-el mas bajo costo para hacerlo accesible a todos, 3-noticias frescas, breves y abundantes. Todo para el fin de llevar el conocimiento de la Inmaculada entre las clases mas humildes.

A los periodistas el P.Kolbe les sugiere:

1-Escribir la verdad objetiva aportando documentos.

2-Escribir no toda la verdad, sino sólo la que sirve al bien público.

3-No condenar a los que se equivocan.

4-No apresurarse a la afirmación de una mala voluntad.

5-Respetar siempre la autoridad espiritual y civil (En Masiero p.159).


SE PUEDE Y SE DEBE SER SANTO

He aquí un diálogo del padre Kolbe con los jóvenes:

-¡Quiero que sean santos y grandes santos!

-Padre, ¿no le parece pedir demasiado?

-¡No! La santidad no es un lujo, sino un deber y un compromiso de familia. Dios lo quiere: "¡Sed santos, porque yo soy santo!", Todo hijo ha de imitar a su madre. Nuestra madre es la Inmaculada, la santa. Por eso debemos ser santos.

-Pero ser santo ¿no es algo engorroso?

-No, muchachos, es lo más sencillo y fácil. ¿Tienen una tiza? Pues bien, aquí sobre el pizarrón voy a escribir la fórmula de la santidad. ¡Cómo es de simple!

Escribe: v = V = S

-Es apenas una ecuación. La v minúscula es nuestra voluntad. La V mayúscula es la voluntad de Dios. Cuando estas voluntades chocan, es el dolor, el sufrimiento. Cuando estas dos voluntades se identifican, cuando nuestra voluntad se identifica con la de Dios, es la santidad, es la paz del corazón. ¡Que sencillo es! ¿Verdad? (En Winowsca p.153)

"La vida es breve, Hemos de emplear todo nuestro tiempo... Se vive una sola vez. Es necesario ser santos, no a medias, sino totalmente, para gloria de la Inmaculada y la mayor gloria de Dios" (En Ricciardi p.306).

Hizo una modificación de la consigna de San Ignacio enseñando que "No sólo ad maiorem Dei gloriam, sino ad maximam Dei gloriam " (No solo para gloria de Dios sino para la máxima gloria de Dios)

"¡Todo esto se aprende de rodillas! (En Winowka p. 154).

Niepokalanów (ciudad deno es este lugar, o estos edificios, o esta maquinaria. Niepokalanów es nuestra alma, es nuestro corazón"

En Niepokalanow, María lo es todo: es el corazón y la meta; es el ideal y la fuerza. Por Ella se trabaja, se vive, se sufre, como por Ella se muere. ¡Todo a la mayor gloria de la Inmaculada!

NIEPOKALANOW: CIUDAD DE LA INMACULADA
En 1929, entre enfermedad y dificultades el P. Kolbe se lanza a su nueva fundación en unos terrenos que le fueron logrados milagrosamente: su ciudad mariana. NIEPOKALANOW, o ciudad de la Inmaculada, o mejor, "casa, propiedad y reino de la Inmaculada". Decía que el, la M.I., y cada caballero, son cosa y propiedad de la Virgen. En Niepokalanow María lo es todo: es el corazón y la meta; es el ideal y la fuerza. Por Ella se trabaja, se vive, se sufre, como por Ella se muere. Los caballeros son los hijos felices y los servidores fieles de la Madre celestial. "!Todo a la mayor gloria de la Inmaculada!"



Consistía de un convento de sacerdotes y hermanos franciscanos comprometidos a promover la Milicia por todas partes por medio del uso de todos los medios de comunicación que estuviesen a su alcance.

Ante todo se construyo la capilla. Mas tarde se trajeron las maquinarias y todos los elementos de la imprenta. La aspiración del P. Maximiliano era que Niepokalanow fuera una escuela de santidad. "No sólo para mayor gloria de Dios, sino para la Máxima gloria de Dios".

Todos eran pobres y felices, felices porque eran pobres, felices porque estaban al servicio de la Inmaculada.

"Niepokalanów no es este lugar, o estos edificios, o esta maquinaria. Niepokalanów es nuestra alma, es nuestro corazón"

LA INMACULADA EN EL JAPÓN

Dos años mas tarde San Maximiliano, como respuesta al llamado del Santo Padre a los religiosos a favor de las necesidades misioneras de la Iglesia desea ir al Oriente para fundar otra ciudad de la Inmaculada en Mugenzai No Sono, Japón. La visión del P. Maximiliano era llevar La Inmaculada a todo el mundo. En Roma ya había pensado en esto. En una ocasión, al encontrarse con un japonés pagano sintió el deseo de evangelizar ese país. Ahora le parece que ha llegado el momento. Pide permiso para irse al Japón pero su superior no lo cree posible. No habla Japones ni tenia contactos para semejante obra. El padre Kolbe se somete con obediencia pero sabía que la Inmaculada lo quería y que por medio del superior se manifestaría su voluntad. Esa noche el superior no pudo dormir. Al fin el padre Kolbe recibió permiso para ir a Japón con cuatro frailes. Tan solo los movía el amor a la Virgen Inmaculada.

Un 25 de mayo de 1930 llega a la Niepokalanow polaca este telegrama: " Hoy expedimos "El Caballero en japonés. Tenemos imprenta. Viva la Inmaculada. P. Maximiliano".

Al leer el telegrama, no faltaron frailes que quedaron estupefactos y gritaron milagro, ya que, humanamente hablando, el hecho era inexplicable. El milagro fue fruto de la fe en Dios y la inmensa confianza en la Inmaculada. La heroicidad del trabajo intenso, los grandes sufrimientos, la oración y sacrificio. La Virgen corresponde a sus fieles.

En los años de 1935 y 1936 por el clima calido y húmedo del Japón, las condiciones de salud del P. Maximiliano habían empeorado notablemente. Sufría frecuentes vómitos de sangre. Ante el agravamiento de su salud, con la esperanza de una mejora, y ante el unánime deseo de los frailes de Niepokalanow, el nuevo Capitulo Provincial de 1936 nombro al P. Maximiliano superior de esa primera ciudad mariana.


ÚLTIMO PERÍODO EN LA CIUDAD DE LA INMACULADA EN POLONIA


Vuelve a Niepokalanow en 1936 y bajo su dirección el número de frailes crece hasta exceder en los meses próximos a la II Guerra Mundial, el número de 900. El apostolado de publicaciones producía en exceso de un millón de revistas mensualmente y 125,000 ejemplares de un diario destinado para el millón de miembros de la Milicia en el mundo.

Pero el padre Kolbe no se hace ilusiones ni se deja absorber por los triunfos. Mas bien presentía su fin y el acercarse del calvario para sus hijos. Hizo de los tres años en Niepokalanow un cursillo de formación. Cada día se reunía con los hermanos de una sección. Aprovechaba toda ocasión para enseñarles una nueva verdad acerca de la Inmaculada y para prepararlos para todo evento. Lo que la Virgen le enseñaba el lo compartía con los suyos.

El padre Kolbe es un profeta de la Virgen. En marzo del 1938 dice a los hermanos:

"Hijos míos, sepan que un atroz conflicto se avecina. No sabemos cuáles serán las etapas. Pero, para nosotros en Polonia, hay que esperar lo peor. En los primeros tres siglos de historia, la Iglesia fue perseguida. La sangre de los mártires hacía germinar el cristianismo. Cuando más tarde la persecución terminó, un Padre de la Iglesia comenzó a deplorar la mediocridad de los fieles y no vio con malos ojos la vuelta de las persecuciones. Debemos alegrarnos de lo que va a suceder, porque en las pruebas nuestro celo se hará más ardiente, ¿Y que? ¿No estamos acaso en las manos de la Virgen?... Nuestro ideal, ¿no es también dar la vida por Ella?... se vive una sola vez. Se muere una sola vez. Vida y muerte, pero como gustan a ella" (Winowska p.160).

Dice también:

"La guerra está mas cerca de lo que pueda preverse, y las persecuciones en períodos bélicos son posibles...

Uds. Los profesores, que son los padres espirituales de Niepokalanóv, deben estar preparados para tiempos peores. Esto ciertamente lo permite la Inmaculada pare nuestro bien.

Estallada la guerra, sucederá la dispersión de la comunidad. No nos contristemos, sino que debemos conformarnos con la voluntad de la Inmaculada. Que esa conformidad con la Inmaculada sea cada día más fuerte, sentida y viva. De esta manera, la persecución no nos hará daño, sino que acrecentará nuestra santidad" (Ricciardi p.307)

Tres dias antes de estallar la guerra prepara los corazones:

"Trabajar, sufrir y morir caballerescamente, y no como un burgués en la propia cama. He ahí: recibir una bala en la cabeze, para sellar el propio amor a la Inmaculada. Derramar valientemente la sangre hasta la última gota, para acelerar la conquista de todo el mundo para Ella. Esto les deseo a Uds. Y me deseo a mi mismo.

"Nada más sublime puedo augurarme y augurarles”.


"Jesús mismo lo dijo: No hay amor más grande que dar la vida por el propio amigo" (Masiero p.154).

domingo, 13 de agosto de 2017

13 de agosto fiesta de San Benildo Romançon.






En la fértil llanura de Limagne, que forma parte del departamento francés de Puy-de-Dóme, hay una pequeña ciudad llamada Thuret. 

En la hermosa iglesia románica de dicha población, que data del siglo XII, fue bautizado el día mismo de su nacimiento, 13 de junio de 1805, Pedro Romançon, segundo hijo de un matrimonio acomodado del lugar. El niño hizo su primera comunión doce años más tarde y al mismo tiempo fue confirmado por el obispo de Clermont. Pero ya antes, desde los seis años, Pedro había empezado a frecuentar la escuela, donde se distinguió por su piedad e inteligencia.

 Un día, cuando se hallaba en Clermont con su padre, quedó fascinado al ver a un monje vestido con hábito negro y con una capa que flotaba al viento. Su padre le explicó que era un miembro de la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, fundada en Reims por san Juan Bautista de la Salle para la educación de la juventud, especialmente de los más pobres. 

Tal respuesta impresionó a Pedro, quien algún tiempo más tarde confesó a sus padres que quería ingresar en la congregación. Estos no se opusieron a las tímidas insinuaciones de Pedro, que poco a poco fueron haciéndose más insistentes y, cuando los hermanos de las escuelas cristianas abrieron un colegio en Riom, le enviaron ahí a terminar sus estudios.

Pedro se sintió desde el primer día como en su casa y, a los catorce años, pidió ser admitido como aspirante en la congregación. Sin embargo, aunque gozaba de excelente reputación en el colegio, se le rechazó por ser joven.

 Pedro tuvo, pues, que esperar dos años más y entonces obtuvo la admisión. Para probar la vocación de Pedro, su padre le amenazó con decapitarle si abandonaba la casa paterna. El joven replicó plácidamente: «Si quieres hacerlo, hazlo. Con ello sólo cambiaré los bienes terrenos por los eternos». 

Finalmente. en el otoño de 1820, partió al noviciado de Clermont-Ferrand, con la bendición de sus padres. En el año que siguió, su vocación se confirmó de tal suerte. que su director no tuvo reparo en decir: «Este hermano tan joven serán un día una de las glorias de nuestra congregación». 

Al tomar el hábito, Pedro había recibido el nombre de Benilde (el autor de este artículo no consiguió descubrir ningún santo de ese nombre. Pero el Martirologio Romano menciona el 15 de junio a una mujer martirizada por los moros de Córdoba, llamada Benildis o Benilda).

Cuando terminó el noviciado, sus superiores le enviaron al colegio de Riom a hacer sus primeras armas en el arte de la enseñanza. 

En los años siguientes, le encontramos en diversas casas de la congregación, ejerciendo, además del oficio de maestro, el de cocinero y otros más. Apenas dos años después de su profesión, fue nombrado superior del colegio de Billom en Puy-de-Dóme. Uno de sus discípulos afirmó más tarde: «El hermano Benilde era bueno como un ángel y tenía cara de santo. 
Era un magnífico profesor, un tanto estricto, pero siempre justo. Solía preocuparse especialmente de los menos aplicados y nos alentaba al trabajo. Sus discípulos hacían buen papel y conocían al dedillo el catecismo».

El hermano Benilde desempeñó con tal acierto su cargo que, en 1841, cuando tenía treinta y seis años, fue enviado a fundar y dirigir un nuevo colegio en Saugues (Alto Loira). Allí iba pasar el resto de su vida. La ciudad recibió con entusiasmo a los hermanos y no tardó en rogarles que inaugurasen también una serie de cursos nocturnos para adultos. 
Dichos cursos fueron todo un éxito, y el gobierno condecoró por ellos al hermano Benilde con una medalla de plata. Pero sin duda que el santo habría apreciado aún más la alta opinión en que le tenían sus discípulos. 

Todavía se conservan los testimonios de algunos de ellos; son tan detallados, que uno de los discípulos hace notar que «el santo director» solía mandar que se abrieran las ventanas mientras daba la clase. 

El hermano Benilde se distinguió sobre todo como profesor de religión. Como él mismo escribió: «Mi vida es para el apostolado. Si por negligencia mía estos niños no llegan a ser lo que deben, la habré desperdiciado. 

Si muero enseñando el catecismo, moriré en mi verdadero medio». A ese trabajo se había preparado con su vida personal y con un estudio serio de la teología y las materias con ella relacionadas. 

Más de un testigo hace notar que los discípulos solían escucharle embebidos y que les parecía que el tiempo pasaba demasiado de prisa. 

El hermano Benilde terminaba siempre sus clases con unas palabras de exhortación que brotaban del fondo de su corazón: «El querido hermano Benilde hablaba con tal calor de las verdades eternas, que jamás he podido olvidar lo que nos decía. Sus palabras nos llegaban al fondo del alma y eran un motivo de remordimiento cuando obrábamos mal». 
Pero no sólo se ganó el aprecio de sus discípulos, sino también el de los padres de éstos, de las hermanas presentandinas, que dirigían la escuela de niñas y del clero de la región. Uno de los vicarios de la parroquia escribió: «El hermano Benilde no sólo adoraba a Dios como un ángel cuando iba a la iglesia a hacer oración, sino siempre y en todas partes, aun cuando cultivaba sus verduras en el huerto».

El cariño entusiasta que el santo profesaba a su congregación era una de sus características. En una ocasión en que se hallaba en dificultades, exclamó: «No abandonaría la congregación, aunque me viese reducido a comer cáscaras de patatas. Demasiado bien sé cuán bondadoso ha sido Dios al llamarme a su servicio en ella». 
Jamás perdía la oportunidad de alentar a un posible candidato, pero no se valía para ello de consideraciones humanas: «¿Qué buscaba el candidato? ¿Una vida cómoda? La vida en el colegio de Saugues no lo era ciertamente. ¿Las alabanzas de las gentes? Los hermanos llevaban una existencia retirada y oculta.

 Pero si lo que quería era su santificación personal y trabajar humilde y útilmente en la viña del Señor, entonces ...» Un sacerdote que estuvo en la casa madre de los Hermanos de las escuelas cristianas en París, cinco años después de la muerte del hermano Benilde, encontró a treinta y dos novicios de Saugues y sus alrededores y casi todos habían sido discípulos de Benilde.

En 1855, el hermano Benilde escribió a uno de sus colegas: «He contraído una enfermedad que me tiene, por el momento, casi todo el tiempo en cama. Estoy tan fatigado, tan exhausto, que apenas puedo hablar. Cada día puede ser el último». Sin embargo, el hermano Benilde vivió seis años más, hasta que contrajo una dolorosa enfermedad reumática. 

Sus superiores le enviaron varias veces a hacer curas en Bagnols-les-Bains. El párroco del lugar afirmaba que las visitas del beato a la población equivalían a una misión. En enero de 1862, se agravó el estado del hermano Benilde. La víspera del domingo de la Trinidad, insistió en acudir a la capilla al día siguiente para la renovación actual de los votos y se despidió de sus discípulos, diciendo: «Sé que pedís por mí y os lo agradezco, pero mi salud no va a mejorar. Dios me llama a Sí y, si es misericordioso conmigo, podéis estar seguros de que pediré por vosotros en el cielo».

 Hacia el 30 de julio, el santo se arrastró una vez más hasta la capilla. «Es la última vez -dijo a su acompañante-; pronto me llevaréis en hombros». Dos semanas más tarde, el 13 de agosto de 1862, el hermano Benilde falleció, rodeado de sus hermanos.

El entierro se llevó a cabo el día de la Asunción. Aunque la parroquia de Saugues era grande, ese día estaba llena a reventar. La sepultura del santo se transformó inmediatamente en sitio de peregrinación. 
En 1884, se puso en la nueva lápida: décedé en odeur de sainteté (muerto en olor de santidad). No faltó quien murmurase de ello. No así el canónigo Raveyre, antiguo vicario de la parroquia, el cual afirmó: «No me extrañaría que la Iglesia le elevase un día al honor de los altares». Tenía razón.

 En 1896, se inició el proceso en Le Puy, el 4 de abril de 1948, se llevó a cabo en Roma la beatificación de Benilde Romançon y estuvo a cargo del Papa Pio XII. El 29 de octubre del año 1967 el beato Pablo VI lo canonizó en Roma.